“La crisis se produce cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”. Últimamente leo esta sentencia por todas partes y me digo: “Pues quizá sí que es verdad que seguimos en crisis”.
Voy a intentar explicarme. El filósofo coreano Byung-Chul Han escribe que “la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento” en la que los sujetos “son emprendedores de sí mismos”.
Por irnos a lo frívolo, es una sociedad en la que puedes dejar de lado toda la parafernalia del rito nupcial y casarte como te dé la gana. Por ejemplo, enfundado en unos vaqueros, con una camiseta cualquiera, en el vestidor de tu casa, aunque, para no perder comba, esa misma tarde te largas a trabajar, tal y como pudimos ver en la boda de Cristina Pedroche y David Muñoz.
Pero hablemos de política. Rescato un párrafo de Byung-Chul Han de ‘La sociedad del cansancio’, editada por Herder: “La sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo ‘poder’ (können) sin límites. Su plural afirmativo y colectivo ‘Yes, we can’ expresa precisamente su carácter de positividad. Los proyectos, las iniciativas y la motivación reemplazan la prohibición, el mandato y la ley. A la sociedad disciplinaria todavía la rige el ‘no’. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad del rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados”
En este párrafo encuentro una dicotomía que también puede observarse en el debate público de la sociedad española. ‘Proyectos, iniciativas, motivación’ frente a ‘prohibición, mandato, ley’. ¿Se dan cuenta?
A mí me vienen a la cabeza las últimas elecciones autonómicas y municipales cuando leo esto, y también las elecciones catalanas del pasado 27 de septiembre. En ellas, los partidos políticos utilizaron argumentos cada vez más emocionales y menos racionales. La dicotomía planteada era la ilusión frente al miedo.
Todos los seres humanos tenemos ilusión y también miedo. Cuando los partidos políticos dejan a un lado las ideas, las construcciones del pensamiento, la posición sociológica del individuo, etcétera, y se lanzan a por la ilusión o a por el miedo, todo el mundo se siente interpelado. La batalla es interior. ¿Estoy ilusionado? ¿Soy un miedica? “El voto de tu vida” era el eslogan de campaña de ‘Juntos por el Sí’, la coalición proindependentista. Nadie puede sentirse al margen de este juego electoral, en el que priman más las técnicas de marketing que las propuestas políticas concretas.
Recuerda a ese momento de la publicidad en el que se dejaron de promocionar las cualidades más o menos objetivas del producto –“lava más blanco”- para vender las sensaciones –“¿Te gusta conducir?”-.
La nueva política sabe que, aunque “lo nuevo no termina de nacer”, es más efectiva la tríada “proyectos, iniciativas, motivación” que la de “prohibición, mandato y ley”. Pero recuerden a Han: “La sociedad del rendimiento produce depresivos y fracasados”. Es lo que pasa cuando las altas expectativas se ven defraudadas.