Opinión

España sin Cataluña

MACGUFFIN

Laura Crespo | Martes 10 de noviembre de 2015
¿Qué sería de España sin Cataluña? Ya hemos oído/leído hasta la saciedad y desde todos los sectores sociales, políticos y económicos habidos y por haber las consecuencias de una potencial y futura –el concepto de futuro es importante aquí- independencia de Cataluña. Pretendo quedarme más cerca. ¿Qué sería hoy de España sin toda la información que está generando el desafío soberanista catalán? Lo más evidente: que en los medios, en las redes, en las cafeterías y en las sobremesas familiares se estaría hablando de otra cosa.

El último barómetro del CIS colocó por primer vez a los nacionalismos entre las diez mayores preocupaciones de los españoles. Concretamente a la cola de ese ‘top ten’ de quebraderos de cabeza de los ciudadanos. Por delante, el paro, la corrupción, la economía, los políticos, la sanidad, los problemas sociales, la educación y la calidad del empleo. Cuestiones, todas ellas, con más impacto directo en la vida de cualquier ciudadano de a pie, más inmediatas y absolutamente cruciales, sobre todo ahora, a apenas unas semanas de las elecciones generales. Cataluña no se va a independizar mañana. Ni el mes que viene. Y aunque el revuelo ocasionado en torno a amenazas como la desobediencia o la sedición está justificado y hace necesario un análisis, no podemos dejarnos cegar. No se trata de hacer demagogia. Pero el miedo a que nos tachen de ese monstruo de la política del siglo XXI que es el demagogo no debe hacernos nadar a favor de la corriente. Porque Cataluña va camino de convertirse en el caballo de batalla de la campaña oficial de cara a las elecciones del 20D –digo oficial porque cada aparición política desde, al menos, mitad de año hacia acá bien podría ser un acto de campaña-, esa en la que los partidos políticos deberían explicar a los españoles cómo piensan atajar la sangría del paro, combatir la corrupción, garantizar la calidad de la sanidad y la educación públicas y acabar con la creciente desigualdad social, entre otras cosas.

Viene a mi mente ese concepto que nos hicieron estudiar en la carrera de Periodismo: la agenda-setting, o la teoría del establecimiento periodístico de temas de discusión, más o menos, la influencia del espacio que dedican los medios de comunicación a cada asunto en la opinión pública sobre la relevancia de esos asuntos; un concepto que necesita irremediablemente una actualización con la irrupción arrasadora de las redes sociales, pero sobre el que, visto el panorama de las últimas semanas, me asalta una idea: sea cual sea la agenda periodística, si coincide al dedillo con la de la política, malo. Y la realidad es que hablar de Cataluña interesa, a todos los partidos, sean del color que sean, y en enfoques distintos pero por motivos similares. Artur Mas pretende erigirse como el salvaguarda de la justicia histórica para los catalanes; los líderes de la CUP aprovecha su momento de gloria; Mariano Rajoy se ve a sí mismo pasando a la historia como el presidente que evitó la ruptura de España; desde Ciudadanos, atacan las flaquezas de la estrategia popular y se cuelan por sus fisuras; el PSOE se coloca en una posición firme pero dialogante para intentar arañar votos a unos y otros; Podemos vuelve a hacer lo que mejor se le da: una radiografía precisa y justa con pocas soluciones adjuntas…

Cada cual a lo suyo, tirándose los trastos, sí, pero también entusiasmados con la idea de poner un foco absoluto en Cataluña. Da la sensación, en definitiva, de que la cuestión catalana está sirviendo a la clase política para ganar tiempo. De aquí al 20D, Cataluña hasta en la sopa. Lo demás, ya veremos qué volumen de tiempo, espacio y esfuerzo comunicativos ocupa. ¿Qué sería de ellos si Cataluña? ¿Y de nosotros?

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