Los Lunes de El Imparcial

Marceline Loridan-Ivens: Y tú no regresaste

MEMORIAS

Domingo 15 de noviembre de 2015

Traducción de José Manuel Fajardo. Salamandra. Barcelona, 2015. 96 páginas. 14, 50 €. Libro electrónico: 8, 99 €

Por Paulo García Conde


Marceline Loridan-Ivens es una superviviente de la II Guerra Mundial, una mujer que pasó parte de su infancia en un campo de concentración que no necesita carta de presentación. Estas son las palabras que definirían de una manera injusta la esencia de este libro. Porque lo que en él hace Marceline es revivir aquella parte de la historia, ya tan conocida por todos, desde sus propias vivencias. Y, aunque uno nunca se atreviese a reconocerlo en público, podría llegar a pensar que ya ha leído mucho sobre estos hechos, que ya ha conocido suficientes historias personales, de sufrimiento, de horror, de superación. Es una de las consecuencias que a veces tiene la superficialidad involuntaria en que todos alguna vez en la vida nos dejamos caer sin querer.

Sin embargo, la autora consigue con este relato de menos de cien páginas contarnos algo que es nuevo hasta para cualquier estudioso en la materia de esta guerra, en todos los hechos y datos que la componen. Lo que ella cuenta es una historia personal. Su vivencia única, los pensamientos enjaulados en su cabeza, las experiencias vividas en Auschwitz-Bikernau. Guerra hubo una; el número de víctimas es imposible de cifrar con entera exactitud. Y en eso este libro es un verdadero azote, una confesión que nos hace entender que aquello afectó a personas con vidas diferentes, con historias distintas. Cada una de ellas vivió todo de una manera única. En el caso de Marceline, sus recuerdos de cuando tenía quince años se concentran en una figura: su padre. Él, a quien se llevaron junto a ella, camino de un destino que entonces nadie podía imaginar con detalle. Él, a quien apartaron de su lado y encerraron en otro campo de concentración.

Y tú no regresaste es en realidad una extensa carta a su padre desaparecido, a quien hizo a Marceline una aciaga y velada promesa que se cumplió. Porque cuando se los llevaban a ambos, la pequeña hija trató de animar al papá y a sí misma afirmando que todo aquella pasaría y volverían a la vida de antes. Las palabras de él fueron: «Tú eres joven, Marceline, saldrás adelante». Ella salió adelante, pero fue la única de los dos. Y todo lo que le quedó por decir, por vivir con su padre, lo vacía en estas páginas. No hay un exceso de sentimentalismo, no traiciona sus propios deseos de expresarse con libertad. Escribe sin el miedo de qué pensarán los demás al leer esto, quién creerán que soy al descubrirme pensando aquello. Es el retrato de una experiencia que marca toda una vida, una vida que a la vez comprende otras, sobre todo la de la persona más importante de la verdadera protagonista. Porque a pesar de ser él quien nunca regresó, es ella quien ha tenido, y tiene, que vivir con esa realidad.

Los lectores de este libro pueden quedarse con la sensación de necesitar saber más, de que la autora debería haber ahondado en más detalles; no de la guerra en general, sino de su experiencia particular. Pero eso ocurre (en el caso de que lo haga) una vez haya transcurrido cierto tiempo desde la lectura de las últimas frases. Del punto final. Mientras, no hay protagonismo posible para algo que no sea digerir las impresiones, los sentimientos, las sensaciones que han permanecido impresas en esta larga carta dirigida a todos quienes la lean. Pero, por encima de cualquier otro, dedicada a su padre. Quien no regresó.