SIRIA E IRAQ
B.M.H. | Martes 17 de noviembre de 2015
Algunos analistas ponen fecha: antes de Navidad. Por Borja M. Herraiz
Hace unos meses, altos cargos del Departamento de Estado y de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se reunieron con Barack Obama en el Despacho Oval para hacerle saber que un despliegue militar terrestre era condición indispensable para derrotar a Estado Islámico en sus feudos de Siria e Iraq.
Entonces, el presidente de Estados Unidos desechó la idea debido a lo impopular que hubiese sido entre la ciudadanía mandar de nuevo a soldados norteamericanos a Oriente Medio, un destino que ya se había cobrado casi 4.500 vidas estadounidenses, que se sumaban a las 2.300 perdidas en Afganistán.
De este modo, Obama decidió continuar adelante con el bloqueo financiero y los bombardeos selectivos, una estrategia que se ha mostrado insuficiente.
Con los índices de popularidad muy por debajo del 50 por ciento, Obama descartó de pleno la idea del despliegue en varias ocasiones hasta que por fin, el pasado 30 de octubre, la Casa Blanca autorizaba el envío de medio centenar de marines en misión de adiestramiento al norte de Siria para aleccionar a las fuerzas opositoras al régimen de Baschar Al Assad.
Ahora, con las terribles imágenes de los atentados de París del pasado viernes en la retina, Occidente puede que esté planteándose redirigir su estrategia y tomarse en serio la posibilidad de un despliegue militar en Siria e Iraq para combatir sobre el terreno a las fuerzas de Abu Bakr Al Baghdadi. Y eso que Obama insiste en que sería un "gran error" pisar suelo sirio-iraquí.
La entrada unilateral de Rusia en el conflicto con el objetivo de hacer perpetuar el régimen de Al Assad, sumado al incremento de los bombardeos de Francia de posiciones estratégicas de Estado Islámico en Siria son vistos por algunos analistas como la antesala perfecta para que tropas terrestres sean destinadas a la zona.
De hecho, algunos, como Paco gámez, experto en defensa y armamento, consideran que este escenario podría producirse antes de Navidad, cuando las milicias de ISIS se muestren debilitadas por la falta de combustible y recursos debido a los bombardeos de la coalición y encarando un duro invierno.
Una guerra compleja e incierta
Sin embargo, un despliegue terrestre sería de todo menos fácil para la coalición internacional. Una vez sorteadas las trabas diplomáticas y económicas, pues una operación de este calado requiere una considerable inversión de medios y dinero, habría que afrontar una campaña presumiblemente larga y dura.
El conflicto sirio-iraquí se enmarca dentro de la guerra asimétrica, es decir, en la que uno de los bandos es considerablemente superior en número y recursos al otro. Esto hace más que predecible que en la confrontación directa, Estado Islámico presente poca resistencia y repliegue sus milicias hacia las zonas urbanas.
Es aquí donde las fuerzas occidentales verán comprometida la operación. El hecho de que la mayoría del norte de Siria e Iraq sea una zona llana y desértica favorece las labores de inteligencia, transporte, edificación de puestos avanzados, instalación de fortificaciones y vigilancia por parte de las hipotéticas fuerzas desplegadas.
Sin embargo, Estado Islámico cuenta con un importante apoyo de la población local, especialmente en Iraq, donde un 40 por ciento de su población es de confesión suní. Esto proyecta un escenario de guerra urbana, donde las bajas occidentales serían mayores, al igual que entre los propios civiles, atrapados en el fuego cruzado.
Además, Estado Islámico, que cuenta con entre 30.000 y 40.000 efectivos, aunque ni la mitad pueden ser tomados como fuerzas regulares, sino itinerantes en función de las necesidades de la organización, es un enemigo que no luce uniforme, por lo que su capacidad de mimetismo con la población civil e inocente es muy considerable, dificultando así su localización, identificación y neutralización.
En este contexto, si bien parece que los analistas estadounidenses consultados por la Casa Blanca están en lo cierto al señalar que un despliegue militar es necesario para combatir de manera efectiva a Estado Islámico a modo de complemento a la campaña aérea, lo que se presenta ante la coalición es un escenario tremendamente complejo e incierto que casi seguro no se resolverá en cuestión de unos pocos meses.
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