Opinión

La ruptura generacional en la década de 1960

EN TRES TIEMPOS

Alejandro San Francisco | Martes 17 de noviembre de 2015

Para muchos la década de 1960 representó la posibilidad de realizar una revolución, que tuviera significado político y que pudiera cambiar las estructuras de la sociedad. En esa línea puede evaluarse el impacto de la Revolución Cubana, el protagonismo ideológico del marxismo, así como muchas de las protestas en los diferentes lugares del mundo.

Sin embargo, visto en perspectiva, lo más relevante no fue el cambio político -que finalmente no se produjo-, sino la irrupción de una nueva generación en la vida social y política en diferentes lugares del mundo. Los jóvenes de los 60 representaron una gran transformación simbólica, tuvieron un inmenso efecto en el imaginario de la época y continúan siendo la manifestación más viva de lo que fue el espíritu de la década, donde los aires de contestación y rebeldía irrumpieron con fuerza y determinación. Hay muchos factores que contribuyeron a esta cultura juvenil, que tuvo una expresión especialmente visible en las universidades y sus movimientos de protesta que se repitieron en distintos continentes.

Eric Hobsbawn señala en su Historia del siglo XX (Barcelona, Crítica, 2012), que "la cultura juvenil se convirtió en la matriz de la revolución cultural en el sentido más amplio de una revolución en el comportamiento y las costumbres, en el modo de disponer del ocio y en las artes comerciales, que pasaron a configurar cada vez más el ambiente que respiraban los hombres y mujeres urbanos". Él mismo señala que hubo distintos factores que contribuyeron a esta novedad de la cultura juvenil.

El primero, es que la juventud dejó de verse como una fase preparatoria para la vida adulta, y pasó a considerarse como "la fase culminante del pleno desarrollo humano". El segundo se refiere a que la cultura juvenil se convirtió en un factor dominante en las economías de mercado desarrolladas, considerando que era una gran cantidad de personas y que tenía poder adquisitivo. El tercer elemento fue "la asombrosa internacionalización" que adquirieron los jóvenes en esos años, manifestado en que sus símbolos culturales no reconocían fronteras. Como resultado, la juventud se convirtió en un referente de la década, y lo que era su propia visión del mundo rápidamente se atrevió a desafiar los convencionalismos y las tradiciones de sus padres.

La desconfianza hacia el pasado se representó de distintas maneras, y tiene una expresión elocuente en esa frase repetida por el activista norteamericano Jerry Rubin: "No confíes en nadie que tenga más de treinta años", que habría sido pronunciada primero por uno de los miembros del movimiento por la "libre expresión" en Berkeley (Free Speech Movement). Una excelente forma por la cual los estudiantes universitarios podían manifestar la desconfianza hacia los políticos en general, así como hacia sus padres y profesores. De hecho, en la práctica, las universidades fueron focos muy importantes de protesta y quiebre generacional, tanto en el plano estrictamente político como en una dimensión cultural más amplia.

En lo primero, se pueden observar los movimientos universitarios que se levantaron en lugares tan distintos como Estados Unidos o Francia, Inglaterra o Italia, como aparece bien retratado en el monumental trabajo de Arthur Marwick, The Sixties.Cultural revolution in Britain, France, Italy, and the United States, c. 1958-c. 1974 (Oxford, Oxford University Press, 1998). Veamos algunos ejemplos. En el LSE, London School of Economics, prestigiosa institución británica, se podía observar un gran compromiso político estudiantil, donde la mayoría de sus jóvenes participaba en las protestas y ocupaciones que se desarrollaban. En Berkeley comenzó a tener influencia el mencionado Free Speech Movement, que luego derivó en protestas más universales, como el rechazo a la Guerra de Vietnam. En París resulta icónico recordar los sucesos de Mayo de 1968, la revuelta estudiantil más popular y contestataria de esos años, si bien tuvo más de retórica generacional y anarquista que de logros concretos que pudieran poner en riesgo el sistema político de la Francia del General de Gaulle.

Si se retrotrae la historia de estos países, desde entonces hacia una o dos generaciones atrás, es fácil advertir que en la décadas de 1910 y 1940 todos ellos se encontraban involucrados en sendas guerras mundiales, que no sólo eran un drama universal y un inmenso gasto de recursos, sino que también implicaba la verdadera amputación de una generación. Muchoscolleges y universidades se vaciaron en esas naciones, y los jóvenes de entonces no estudiaban ni protestaban, sino que estaban metidos en las trincheras, matando o muriendo. Después de 1945 se produjo el baby boom y además aumentó considerablemente la cobertura de la enseñanza secundaria en diversos lugares del mundo. Así, un par de décadas después las universidades podían acoger a millones de universitarios en el mundo, la cifra más alta de la historia. Los países no siempre tuvieron buenas formas para enfrentar la nueva situación: se requería construcción de nuevas instituciones y una apertura a esta enseñanza más masiva, que contrastara con la minoría privilegiada del pasado, como era evidente en Gran Bretaña, por ejemplo. Era una transición cultural, como ha afirmado Tony Judt en Posguerra (Madrid, Taurus, 2012): "la enseñanza superior, que antaño fuera un privilegio, ahora sería un derecho. El resultado fue catastrófico", considerando el crecimiento inorgánico y el hecho de que muchos jóvenes estudiantes no llegarían a graduarse.

Todo eso se desarrollaba en paralelo a mayores oportunidades efectivas y también a una paz que las viejas generaciones habrían deseado como su máxima aspiración. Curiosamente, la paz y la tranquilidad aparentes de la década de 1960 en Europa, así como las oportunidades que crecieron para los jóvenes, no se manifestó en forma de gratitud o de conformismo, sino por el contrario. Por el contrario, una de las características más visibles de aquellos años se refiere a la insatisfacción juvenil, muy clara en su desagrado y malestar hacia el orden existente, pero más equívoca en relación a las posibilidades que ofrecía el futuro o hacia su propia propuesta de construcción de una sociedad mejor. Aunque también se manifestaba como oposición a algunos de los nuevos conflictos bélicos, como era el caso de la Guerra de Vietnam, que provocó un rechazo generalizado y creciente.

Analizado cinco décadas después de los acontecimientos, la ruptura generacional podría verse como un fracaso, sin victorias políticas y con un término más rápido de lo esperado en su influencia pública. Aunque, en palabras de Marwick, los años sesenta tienen "un significado histórico excepcional", pues lo que ocurrió en ese periodo transformó los desarrollos sociales y culturales del resto del siglo. Lo que, ciertamente, es muy importante.

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