Críticas de Arte

Ingres en el Museo del Prado: un renovador en el siglo del academicismo

PRIMERA EXPOSICIÓN MONOGRÁFICA EN ESPAÑA

Elena Viñas | Viernes 20 de noviembre de 2015
Primera monográfica dedicada al pintor francés en España. Por Elena Viñas

Jean-Auguste Dominique Ingres (1780-1867) tuvo dos maestros: Jacques-Louis David y Rafael. Uno lo introdujo en la pintura académica y otro ejerció una influencia decisiva en su obra. La huella de ambos pintores está presente en la trayectoria de este artista francés que vivió en la época napoleónica y que, por tanto, desarrolló una pintura con tintes neoclásicos y románticos. Si bien, fue un artista inconformista que adoptó una constante actitud revisionista que le permitió distanciarse del academicismo.

El Museo del Prado permite contemplar 66 de sus obras en la primera monográfica dedicada al artista en España, donde no se conserva ninguno de sus trabajos. De ahí que esta exposición despierte más atención, sobre todo porque 28 de las piezas reunidas proceden de la colección del Louvre, entre ellas obras fundamentales en su trayectoria como El baño turco, La gran odalisca o Napoleón I en su trono imperial.

La muestra dedicada a un artista decimonónico como Ingres permite al Prado “paliar las lagunas” de su colección, según Miguel Falomir, director adjunto del museo, quien destaca del pintor francés la “calidad extraordinaria” de su obra, que tanto influyó en artistas posteriores como Picasso. Es conocida su predilección por El baño turco.


"Lejos de obedecer los preceptos de alguna pureza ideal, juega con la rareza anatómica, con llamadas carnales agresivas, y con la presencia tenaz de un ámbito externo pulcro para zarandear las conveniencias”.


La gran odalisca
. 1814. Óleo sobre lienzo 91 x 162 cm. Museo del Louvre

En opinión de Vincent Pomarède, comisario y miembro del Louvre, pese a la formación tradicional de Ingres y sus vínculos con la academia francesa, “no es acertado referirse a él como un artista académico, pues no es estático ni frío”. Al contrario, sostiene este experto: “Fue un apasionado que buscó la originalidad y lo novedoso”.

Los años de vida de Ingres coincidieron con el neoclasicismo, es decir, con una vuelta al clasicismo como un lenguaje puro exento de los excesos del barroco y el rococó. No extraña, por tanto, que en su obra haya citas constantes a la Antigüedad y a la escultura clásica. Es posible percibirlo en su etapa de juventud, como así se aprecia en Aquiles recibe a los embajadores de Agamenón, óleo de 1801 que le valió el billete de viaje a Roma, donde completó su formación.

El desnudo y el retrato

Al igual que su maestro David, el gran pintor de Napoleón, Ingres también practicó la pintura de historia, un género propagandístico al servicio de los intereses del emperador, con quien puso de manifiesto sus dotes como retratista, al igual que hizo con la clase social alta francesa, como demuestran óleos de la excelencia del retrato de Louis-François Bertin.

Sus últimos retratos dedicados a mujeres de la burguesía le valieron un gran reconocimiento en Europa, pese a que fue un género despreciado por el pintor. La factura, composición y colorido de estos últimos trabajos, que pinta a los 70 años, traen a la memoria la obra de otro gran retratista español, Federico de Madrazo, cuyo padre José tuvo el privilegio de codearse con Ingres a las órdenes de David. La prueba de tal admiración fue que en la Academia de San Fernando, Madrazo hijo hacía estudiar a sus alumnos la obra de Ingres “como modelo de perfección”, según ha explicado Carlos González Navarro, responsable también del montaje de la exposición.


"Nunca Ingres había sido tan crudo en pintura [...] A la izquierda, una mujer joven se desliza en el agua sonriendo con los senos y el monte de Venus en evidencia; en el lado opuesto, otra bañista, con ls manos sobre el rostro, se abandona ante su propio desvanecimiento. Ingres seguía obsesionado por las imágenes prohibidas de su juventud".

El baño turco. 1862. Óleo sobre lienzo 108 cm de diámetro. Museo del Louvre

“Fue muy criticado por audaz y fue objeto de violentos reproches”, ha dicho Pomarède al tiempo que ha destacado su papel de renovador en la Historia del Arte tanto por su forma de tratar el desnudo, como el retrato o la pintura religiosa. Esa actitud innovadora le llevó, por ejemplo, a modernizar la representación del episodio mitológico de Edipo y la esfinge, otra de las obras maestras que forma parte del recorrido. Tal carácter inconformista le permitió “ir más allá de las corrientes de su tiempo investigando sobre las emociones y sentimientos asociadas a las posturas corporales o el manejo de la luz”.

Además de ser un gran dibujante, como demuestra en algunos de los dibujos que forman parte de la exposición, y que permiten apreciar el trabajo creativo del pintor, “también fue un gran colorista”, según el comisario, que destaca asimismo su intento de “regenerar” las escenas religiosas aunque sin perder a Rafael, "su dios", como referente.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo del Prado

Fechas: del 24 de noviembre al 27 de marzo

Horario: de lunes a sábado de 10.00 a 20.00 horas / domingos y festivos de 10.00 a 19.00 horas

Entrada: 14 euros (incluye la entrada a la colección permanente)

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