Martes 24 de noviembre de 2015
Bélgica sigue paralizada por cuarto día consecutivo. Colegios, empresas, metro; todo está cerrado, mientras las calles continúan tomadas por el ejército y la policía. El gobierno ya ha anunciado que extenderá el nivel de alerta tanto como sea necesario, ante la amenaza “real” de un atentado inminente.
¿Es acertada esta actitud del gobierno belga? Una primera lectura parece sugerir que las medidas de excepción tienen dos fines primordiales: garantizar la seguridad de la población civil y neutralizar la amenaza yihadista peinando cada rincón en busca de posibles terroristas. Sin embargo, es un hecho que si el Estado Islámico perseguía paralizar un país, amedrentar a sus ciudadanos y obtener máxima repercusión internacional, lo ha conseguido con creces.
Por otra parte, las autoridades belgas deben reflexionar acerca de lo que está pasando. Quizá resulte poco operativo tener seis agencias diferentes de inteligencia para un país tan pequeño. Y a la vista del epicentro yihadista que parece ser el barrio de Molenbeek en Bruselas, todo indica que algo ha fallado en el control de elementos extremistas. En todo caso, cuando mañana miércoles abran el metro y los colegios, el país debe retomar la normalidad a la mayor brevedad posible, para que el terrorismo no siga marcando el tempo de la vida pública.
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