Este jueves se ha presentado el estreno, el día 30 de noviembre, de uno de los títulos más esperados de la temporada. En realidad, de cualquier temporada y de la inmensa mayoría de los teatros de ópera del mundo porque Rigoletto es, sin duda, una de las obras más geniales y representativas de la historia del género. En esta ocasión, se trata de la versión – musicalmente sin corte alguno - realizada por el director de escena David McVicar que el escenógrafo Michael Vale ha descrito llena de claroscuros. Con una base visual cercana a la obra del pintor italiano Caravaggio y que supone un compromiso radical contra la injusticia y la corrupción de los poderosos. Para ello, el director de escena escocés separa en la propia escena los dos mundos tan diferentes – el del duque de Mantua y el de Rigoletto – que chocan con funestas consecuencias cuando se ven obligados a coincidir. El del duque de Mantua, es un mundo que se encuentra lleno de oropeles y su poder es absoluto. Sin embargo, lo es aún más su insaciable forma de vida que únicamente busca de manera obsesiva un placer sexual que siempre acaba por dejarlo insatisfecho. En contraposición a este mundo, McVicar diseña – ayudado por una escenografía apoyada en una plataforma giratoria – para Rigoletto un mundo subterráneo que vive de las basuras que genera el primero.
Por otra parte, en esta producción del Covent Garden al mítico bufón se lo distorsiona hasta el límite. Su deformación física hace incluso, en palabras de Vale, que parezca un insecto, con tremendas dificultades para moverse. En definitiva, McVicar ha querido para este Rigoletto alumbrado en 2001 – Vale ha recordado que aquel aciago 11 de septiembre se encontraban en pleno periodo de ensayos - una atmósfera intensa y opresiva que indaga en la ambivalencia del personaje, repleto de emociones conflictivas y violentas. Su versión pone de relieve la crueldad y la degeneración en el corazón de la corte del duque de Mantua, donde contrastan los ricos cortesanos, sumidos en la degeneración, y la mísera casucha en la que vive Rigoletto, mostrada en la citada escenografía circular que gira descubriendo ambas caras de la realidad. La ópera, con una estructura dramática de fuerza incontestable, está basada en la obra de Victor Hugo Le roi s´amuse, en la que se relata la historia de un rey cínico e inmoral, inspirado en Francisco I de Francia, pero que es en realidad una reflexión sobre la inhumanidad del hombre con el hombre, la corrupción de la inocencia y el abuso de poder. Y Verdi tuvo que vérselas con la censura antes de estrenar una ópera cuya partitura escribió en tan solo tres semanas.
Por su parte, el maestro verdiano Nicola Luisotti, gran experto en voces, se pone al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real y de tres elencos encabezados por uno de los más destacados intérpretes históricos del bufón, el veterano barítono Leo Nucci, cuya primera aparición en un título de ópera en este escenario tuvo lugar en junio de 2009, dando vida a Rigoletto y en la que protagonizó el primer bis de la historia reciente del Teatro Real. Junto a Nucci se alternarán en las representaciones, como Rigoletto, Juan Jesús Rodríguez y Luca Salsi. Cuatro tenores pondrán voz al duque de Mantua: Stephen Costello, Francesco Demuro, Piero Pretti y Ho-Yoon Chung, y las sopranos Olga Peretyatko y Lisette Oropesa que encarnarán a Gilda.
Por último, en torno a las funciones de Rigoletto se han programado diversas actividades paralelas que comprenden conferencias, proyecciones de cine y exposiciones. Así, la Filmoteca Nacional, Cine Doré, proyectará la versión cinematográfica de Rigoletto realizada por Jean-Pierre Ponnelle en 1982, en los lugares originales que se mencionan en la obra y protagonizada por Luciano Pavarotti, Ingvar Wixell y Edita Gruberova en los papeles principales. Y el Museo del Romanticismo prosigue su colaboración con el Teatro Real exhibiendo dos de los trajes pertenecientes a la producción que se representa en nuestro escenario durante el mes de diciembre.