Opinión

Firmeza contra el terror

TRIBUNA

Enrique Arnaldo | Jueves 26 de noviembre de 2015

11S, 14M, 13N.

Nueva York, Madrid, París.

Son los más sangrientos, pero no los únicos atentados planeados y ejecutados por el fundamentalismo islámico, con sus distintas marcas y franquicias.

Está perfectamente identificada la gran amenaza para nuestra civilización occidental, para nuestra cultura y nuestros valores.

Algunos, todavía, no parecen darse cuenta, instalados en el buenismo multicultural.

Otros, aupados en el atril del indiferentismo moral, se atreven a equiparar a las víctimas con los terroristas muertos por la acción policial.

Otros, en fin, desde la atalaya del complejo o simplemente desde la empanada mental, siguen culpabilizando a los países occidentales a los que responsabilizan de la espiral acción-reacción.

Nos han dicho que no es una guerra de religiones, y ciertamente la mayor parte de los que profesan el mahometanismo condenan el terrorismo. Pero no es menos cierto que los Estados de los que son originarios, o parte importante de ellos, sustentan, apoyan o toleran grupos y grupúsculos terroristas, ciertamente a condición de que operen fuera de sus respectivos territorios, generando una especie de terrorismo cruzado.

Nos han convencido de la necesidad de acoger a los expulsados de países en lo que se matan entre sí, apelando a razones humanitarias (las que a nosotros nos caracterizan pero que no son asumidas por los Estados expulsores ni por sus “primos hermanos”), pero en un descontrol absoluto se han “colado” no pocos que vienen a sembrar el terror.

Todo el mundo se ha aprendido ya que la guerra más antigua de la historia es la que, desde hace varios siglos, enfrenta a las dos grandes interpretaciones del mahometismo, los chiíes y los suníes. Pero, por su idea de dominación expansionista, han traspasado el continente en el que dilucidan su guerra fraticida. Y han puesto contra las cuerdas a la civilización occidental multiplicando miedos, fomentando rencores, provocando la restricción de las libertades individuales en nuestros países.

Aunque Houellebecq hace, teóricamente, política ficción, es el único que se ha atrevido a subrayar que el ataque va muy en serio y que corremos peligro de ser arrumbados en nuestros bienes y valores, la libertad, el pluralismo, la tolerancia, la igualdad. No basta con controles de fronteras o con seguimiento de sospechosos. No es suficiente con scanners de alta generación o con más policías. Podemos protegernos mejor contra el mal, crear una burbuja de seguridad, pero no será bastante. Tenemos también que enseñarles que deben arreglar sus problemas y dentro de sus fronteras.

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