Opinión

Ciudadanos y las encuestas

TRIBUNA

Agapito Maestre | Miércoles 02 de diciembre de 2015

A la espera de la gran encuesta del CIS, podemos ir sacando algunas conclusiones sobre la situación de Ciudadanos ante el 20D. Todos los estudios demoscópicos coinciden en la subida de Ciudadanos y el estancamiento, cuando no bajada, del PP y PSOE. Podemos se queda descolgado, aunque quizá obtenga resultados aceptables mientras sus competidores a la izquierda sean tan elementales. Lo fundamental es que el PP y el PSOE, según he demostrado en otra ocasión, están a poca distancia de Ciudadanos. Reitero, pues, mi argumentación: el denominador común de todas las encuestas no es otro que Ciudadanos aparece como principal protagonista de estas elecciones. Ciudadanos es ya la referencia tanto del PP como del PSOE. Los dos partidos del viejo tinglado político dependen de la formación de Rivera. Es un milagro. Pero, como casi todos los milagros, tiende a olvidarse cuál es la singularidad milagrosa. La gente cierra los ojos al sentirse deslumbrados por tanta claridad. Sí, hombre, Ciudadanos ya es la única unidad de medida por el que se miden los otros partidos. Éste es el otro gran cambio de la política española, junto a la desaparición del bipartidismo, que muchos no quieren ver, o peor, lo niegan para eludir sus responsabilidades en el nuevo mapa de la política española.

Cuando los viejos partidos han comprobado que Ciudadanos pudiera dar la campanada el 20-D, les ha entrado el canguelo en el cuerpo y han tocado a rebato contra todo lo que tenga que ver con el partido naranja, especialmente contra su líder, Albert Rivera, al que no se privan de llamarle “pequeño Bonaparte” o alguna bobada parecida. Tiene que ser muy duro para quienes han tenido el poder tantos años con mayorías absolutas o, sencillamente, asistidos por los indecentes nacionalismos, comprobar que ni siquiera producen temor en sus adversarios. ¡Qué más da lo que digan los del PP sobre Rivera si no se atreven a debatir en público con él! El PP y el PSOE no son ya referencias para evaluar a Ciudadanos. Es la tragedia de los viejos partidos. Ciudadanos puede gobernar, pero hay algo más importante, algo que resulta indiscutible, algo que ha sido reconocido por el Gobierno y la Oposición, a saber, el partido de Rivera determinará inexorablemente la conformación del próximo Gobierno de España. Ahí reside su poderío. Ahí está la singularidad del milagrito. Ahí está el toque cervantino de la vida política española: todo el tinglado institucional depende de Ciudadanos.

Todo el mundo reconoce que Ciudadanos es imprescindible para la próxima legislatura, pero, al instante, los medios de comunicación del PP, PSOE y Podemos tratan de deslegitimar el discurso y la acción de Ciudadanos; unos, critican su inexperiencia, otros, su indefinición, y la mayoría de sus críticos no pueden dejar de verlo, dicen en tono despectivo, como un “partido bisagra” basado en el hiperliderazgo de Rivera. ¡Y qué! Bobos ilustrados, o peor, por ilustrar, eso no es política sino mala metafísica. Tratan de deslegitimar una opción política, pero para llevar a cabo esa operación se requiere solvencia intelectual y política y, de momento, yo sólo percibo calumnias y resentimientos en los viejos partidos por no decir nada del Partido Ameba que tan vinculado se halla a la Sexta. Es más que interesante lo conseguido por Ciudadanos, sobre todo si tenemos en cuenta que detrás de este partido no ha habido apenas ayuda de un gran medio de comunicación, pero eso lo dejo para otro día. Es un tema de nota.

Hay, en fin, dos opiniones muy extendidas sobre Ciudadanos y las encuestas: “Están a punto de ganar” o “ganará, es decir, quedará primero y los demás no tendrán otro remedio que rendirse a la evidencia y apoyarle expresamente a la hora de formar gobierno.” He ahí dos opiniones para volver a preguntarse:¿por qué están ganando Ciudadanos? Quizá haya conseguido expresar una sencilla idea a través de un gran líder: es posible una España decente sin empezar de cero y sin fantasías utópicas. Ciudadanos a través de Rivera nos ha vuelto a ilusionar sobre la posibilidad de construir bienes en común. La política, a pesar de todo, es emancipadora.

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