Desde que en 1992 las Naciones Unidas establecieron, el 3 de diciembre, como “Día internacional de las personas con discapacidad”, la cercanía de esta fecha puede servirnos para que ahora que se pregona y propugna la solidaridad entre países, comunidades, etc. como idea que pretende, corregir desigualdades y conseguir que al menos en el arranque de la carrera de la vida, todos partamos con iguales oportunidades, a pesar de que esto pueda acarrear en algunos la filosofía del derecho a la subvención sin justificación ni esfuerzo, a la discapacidad, debemos situarla en otro nivel preferencial.
Discapacidad es el termino que sustituyó, para no herir susceptibilidades a los portadores de alguna deficiencia intelectiva, física o sensorial como ciegos, sordos, subnormal, etc. y que ahora algunos propugnan que a los afectados de estas situaciones, se les denominen como “personas con capacidades distintas”, intentando evitar toda discriminación.
Curiosamente la sensibilidad innegable de la sociedad actual ante esta situación, tiene como raíces para su desarrollo, las medidas tomadas para atender a los afectados tras la primera y especialmente la segunda guerra mundial, intentando la incorporación a una vida normalizada, de los afectados por lesiones bélicas.
Hoy en día, en que todas las instituciones oficiales, apoyan y ayudan a la discapacidad de forma económica y organizativa, con partidas presupuestarias aceptadas sin gran cuestionamiento por los responsables ni por los que ejercen de oposición, no se estaría en el nivel actual de colaboración si no fuera por la enorme aportación de la sociedad civil, tanto en forma de trabajo activo como en la captación de recursos para su utilización en mejorar las condiciones de estas personas vulnerables.
Aprovechemos esta conmemoración para agradecer a las múltiples entidades sin ánimo de lucro que trabajan en esta dirección y sin quitar ningún mérito, sino al contrario, a los integrantes como patronos de fundaciones y asociaciones implicadas con estas actividades y de manera muy especial se debe resaltar la labor generalmente anónima de los “voluntarios”, que hacen posible con su ayuda continua, que la integración y la normalización de estas personas sean una realidad.
De esta situación puedo dar fe, al ver continuamente el trabajo que desarrollan con niños, jóvenes y también adultos, un grupo de monitores que con su labor mejoran la motricidad, la camaradería y otras buenas actitudes, en personas con discapacidad de diverso tipo, con el entrenamiento y la competición de diversas prácticas deportivas y al mismo tiempo, conseguir que los familiares de estas personas, se sientan mucho más confortables con la situación cada vez más habitual de la llamada actitud inclusiva que no es más que situar, integrar y entrelazar a los discapacitados con personas sin esas deficiencias pero relacionadas por edad escolar o actividad laboral, etc. Con ello se consigue una mejoría en la calidad humana de todos.
Verdaderamente pienso que los que mayor provecho sacan con esta actitud de colaboración, son los que la practican y que deberíamos sentir envidia de lo realizado por el señor Zuckerberg, al donar el 99 % de su fortuna (45.000 millones de dólares) conseguidos con su empresa, Facebook para mejorar situaciones de equidad en diversas áreas. Sería deseable que otros le imitaran.