Destino. Barcelona, 2015. 486 páginas. 20 €. Libro electrónico: 12,99 €
Por Jorge Pato García
Quién mejor que uno mismo para hablar sobre su familia, sobre los secretos que han permanecido ocultos durante generaciones, sobre cómo se ha gestado la realidad familiar que uno vive, está claro que no hay nadie más indicado. En esta ocasión Care Santos es la que airea los trapos de su saga familiar, remontándose al siglo XIX en su Mataró natal, donde la protagonista indiscutible es su abuela Teresa Pujolá, una de esas mujeres valientes y capaces de enfrentarse a lo socialmente establecido para demostrar su amplitud miras y lo adelantado de su pensamiento.
Mataró es una ciudad industrial donde los negocios florecen y por este motivo es foco de atracción tanto de los que desean poner en marcha nuevas empresas, como de los que desean encontrar un puesto de trabajo en ellas. Esta es una de las cualidades que más podemos apreciar de esta obra de Santos, su capacidad de hacernos retornar a esos años de chimeneas humeantes, de inicio de la expansión industrial, a esa época en la que la burguesía tenía una serie de normas y protocolos sociales que podían llegar a encorsetar de forma asfixiante sobre todo a las mujeres. Uno de eso ejemplos es la completa ausencia de motivación amorosa para buscar un compañero de por vida, y eso le ocurrió a Teresa Pujolá. Le eligieron como marido a un notario, pero su amor verdadero era un lechero, por supuesto impensable que alguien de una familia de éxito y de posibles emparentase a su hija con una persona de tan humilde origen.
Pero el éxito perpetuo no existe, y de ello no se libró el negocio tintorero de la familia, que al igual que subió con fuerza a lo largo de los años, el descalabro económico hasta la quiebra llego a la misma velocidad, sino mayor.
Care Santos hace especial hincapié en esta novela en la irrupción del cine en la sociedad, lo que para muchos era un invento venido del averno, destinado a pervertir y derretir las mentes de los más jóvenes, era para otros un síntoma de apertura y de renovación, como cuando se abren las ventanas en busca de una renovación de aires, de un cambio, de un progreso.
Pero no será exclusivo de las mujeres el protagonismo, lo comparten, aunque no de forma coral, con los hombres, esos que impulsaron industrias, que con sus ideas renovadoras fueron trayendo proyectos a nuestro país y por ende generando riqueza y bienestar.
Diamante azul es una apuesta arriesgada, pues hablar del pasado familiar es en gran parte desnudar y enseñar los orgullos y vergüenzas de los ancestros, pero con el deseo intenso de que al llegar el lector a leer esta novela se sienta atraído no por el morbo, si no por lo que merece la pena de este libro, la intrahistoria y el homenaje personal. La mirada al pasado con ojos azules, para poder desvelar a los del presente los secretos que dotan de estructura a la realidad que se vive.