TRIBUNA
Cristina Hermida | Miércoles 09 de diciembre de 2015
Hablar de Guiomar es hablar de la amante tardía de Antonio Machado, cuyo nombre verdadero era Pilar de Valderrama Alday, a la que dedicaría el poeta español bellos poemas de amor en Canciones a Guiomar (1929) así como en una nutrida relación epistolar secreta mantenida entre 1928 y 1936, sirviéndose del nombre de un apócrifo intencionadamente en aras de ocultar la relación amorosa que mantenía con esta mujer casada. Sobre esta mujer y sobre la esposa de Antonio Machado, Leonor, que falleció con solo dieciocho años de edad, pocos años después de casarse, versa el montaje que el 8 de diciembre se estrenó dentro del ciclo Los martes, milagro. Poesía en escena en el Teatro Fernán Gómez perteneciente al Centro Cultural de la Villa de Madrid.
Con una puesta en escena sobria y austera se presenta ante el espectador un supuesto encuentro entre Leonor y Guiomar, las mujeres más importantes en la vida de Antonio Machado. Llama la atención el contraste entre ambas no sólo por la edad de cada una de ellas sino por la personalidad que retrata a dos mujeres en las antípodas. Leonor, sencilla, poco formada, fresca, alegre, extrovertida y jovial; Guiomar, poetisa y dramaturga española del postmodernismo, una mujer profunda, reflexiva, con inquietudes intelectuales, conservadora y católica. Y es que Pilar de Valderrama, a diferencia de Leonor, formaba parte de la alta burguesía madrileña lo que sin duda le posibilitó poder frecuentar exclusivas tertulias intelectuales y notables ambientes culturales. Buena prueba de ello es que fue miembro del Lyceum Club, que aglutinaba a los personajes más ilustres femeninos del primer cuarto del siglo XX. De ahí que se codeara con mujeres tan ilustres como Concha Espina, María de Maeztu o Zenobia Camprubi, compañera de Juan Ramón Jiménez.
Machado apenas le dedicó versos de amor a Leonor Izquierdo Cuevas en su efímera relación conyugal pero no hay duda de lo que afectó al poeta su muerte, como revelaría su obra posterior al erigirla en musa. El poeta dejaría constancia de su dolor en estos sentidos versos: Señor ya me arrancaste lo que yo más quería... / Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar. Muy al contrario, Guiomar se sintió agasajada en vida por el poeta aunque por su estado civil de casada con Rafael Martínez Romarate vivió su relación con Machado de una forma realmente atormentada.
Amaranta García y Elisa Marinas, las actrices que encarnan a las dos mujeres de A. Machado, consiguen transmitir con brillantez el perfil tan distinto de sus personajes, a través de un diálogo ameno, bien tejido entre ambas, que deja entrever cómo el Antonio Machado que cada uno de ellas conoció era bien diferente por las particulares circunstancias que rodearon a cada relación. El espectador consigue captar el sufrimiento de la enfermedad de Leonor, que se inicia en París y que le conduciría a la muerte por tuberculosis en 1912 en España, tan solo tres años después de la boda, año que, por cierto publica el poeta Campos de Castilla, como consigue captar también el sufrimiento de Guiomar, profundamente decepcionada con su marido por sus numerosas infidelidades y en conflicto permanente por la estrecha relación ilusionante que mantuvo durante años con Machado.
Según explicó la propia Pilar de Valderrama en diversas entrevistas, en marzo de 1928, teniendo ella 38 años, de las infidelidades de su marido supo a raíz de que se suicidara la joven amante de éste. Este trágico acontecimiento provocó que se fuera durante un tiempo a Segovia, confusa y despechada por lo sucedido. A sabiendas de que desde 1919 Machado trabajaba de profesor del Instituto de Segovia, Guiomar aprovechó para invitar al poeta a cenar en el mejor hotel de la ciudad, a través de la carta de un amigo común. El poeta que contaba entonces con 52 años se enamoraría al instante de Pilar, a pesar de que ésta le advirtiera de que su condición de casada y sus fuertes convicciones religiosas le impedían ir más allá de una “pura” relación de amistad. Durante los ocho años que duró la relación se encontraron semanalmente en Segovia o en Madrid, bien en los jardines del Paseo de Rosales, cerca de donde vivía Guiomar, o en un apartado café próximo a Cuatro Camino al que bautizaron como “nuestro rincón”. En este periodo además Machado la escribe una o dos veces a la semana, dirigiéndose a ella como “su diosa”.
Como se revela en el montaje teatral, cuando no podían verse acordaban mantener a una hora fija una cita imaginaria en lo que dieron en llamar “el tercer mundo” y que terminaría dando, por cierto, título a una obra teatral de Pilar. La relación epistolar terminaría a raíz de que el marido de Pilar de Valderrama decidiera exiliarse con toda su familia a Estoril, desde donde resultaría ya imposible continuar con la secreta correspondencia por la censura de fronteras existente. A pesar de todo, Machado no dejó de escribir versos a Guiomar como el soneto que se recoge en sus Poesías de guerra durante la estancia en Estoril de aquélla.
Son muchos los datos de la biografía del poeta que salen a relucir en este montaje teatral, con dramaturgia y dirección de Carlos Jiménez, que además de entender la evolución vital de Antonio Machado, permiten confirmar que los versos a Guiomar no fueron un mero pretexto literario.
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