Opinión

Maduro, ficha por Podemos

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Jueves 10 de diciembre de 2015
Un país donde falta hasta el papel higiénico -por un “complot”, eso sí- y en el que la morgue de su capital se ha colapsado más de una vez por exceso de asesinatos no debe ser un lugar muy habitable. Se trata de Venezuela, un país devastado por Chávez y casi rematado por su mamporrero, Maduro. Sin embargo, estas últimas elecciones dan esperanza a uno de los pueblos más castigados del mundo, si bien queda aún mucho por desbrozar.

Miles de venezolanos tuvieron que huir de su país casi con lo puesto, dejándolo todo atrás; a veces, incluso familia. Otros tuvieron menos suerte y no les quedó más remedio que quedarse y sufrir uno de los peores cánceres que ha asolado jamás a América Latina. Sin embargo, sería injusto dirigir todos los focos hacia Maduro. Sí, el es el principal responsable de la ruina de Venezuela, pero no el único.

A Maduro le han dejado hacer. Los Castro, tiranos de ese exótico lugar con el que Estados Unidos está ahora a partir un piñón, han tenido gran parte de culpa. El castrismo enseñaba a reprimir, arruinar e intimidar y el chavismo pagaba regalando un petróleo que no era suyo, sino su pueblo. Con Chávez surgieron los “círculos bolivarianos”, escuadrones armados de matones a sueldo del régimen cuya única misión era la de extorsionar y utilizar la violencia a mansalva. En todos ellos había “asesores” cubanos que se dedicaban a eso, a “asesorar”.

Pero también los hubo españoles, como Juan Carlos Monedero. El podemita “asesoró” convenientemente al régimen, con resultados más que elocuentes. Supermercados vacíos, empresas a la fuga, una inseguridad galopante -Caracas es hoy la segunda ciudad más insegura del mundo- y violación sistemática de los derechos humanos. Esa es la herencia de Maduro, fruto en gran medida de la “asesoría” de Podemos. Lo grotesco del personaje le ha llevado a justificar la carencia de papel higiénico en todo el país con la excusa de un “complot de la oligarquía y el imperialismo”. Culpa a ese mismo “complot” de que la gente muera en los hospitales por falta de medicinas y que en un país riquísimo en materias primas haya carencias energéticas y de bienes de primera necesidad.

Otros, como Cristina Fernández de Kirchner -también los argentinos han logrado extirparse un buen grano- o Evo Morales le han reído las “gracias” todo este tiempo, con la aquiescencia de buena parte de la izquierda española. Ahora, sin embargo, la democracia se empieza a abrir camino en Argentina y Venezuela. No ha sido fácil, ya que la censura impuesta por sus respectivos regímenes ha convertido casi en heroica la victoria de la oposición. La Kirchner podría seguir ganándose la vida como abogada. Maduro, que apenas sabe leer, tendría que volver a conducir autobuses cuando desaloje la presidencia. Podría fichar como chofer de Monedero, y así seguir recibiendo lecciones de cómo devastar un país.

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