POCO A POCO
Borja M. Herraiz | Lunes 14 de diciembre de 2015
Aún recuerdo con total nitidez una noticia, semanas antes de los ataques del 11S, en la que se relataba como Ahmad Sha Masud, el conocido como 'León de Panshir' y líder de la Alianza del norte afgana, había sido asesinado por dos terroristas de Al Qaeda.
Por entonces, su asesinato hizo que me picara la curiosidad sobre qué demonios pasaba en Afganistán, un país que para entonces me era del todo desconocido. Fue cuando profundicé por primera vez en lo que son y representan los talibán.
Los atentados perpetrados días después contra Estados Unidos y la guerra posterior contra el terrorismo me hizo conocer mejor a esta pseudo milicia islamista que, tristemente, ahora vuelve a estar de actualidad en nuestro país por el ataque a la embajada de España en Kabul y la lamentable muerte de dos policías nacionales, Jorge García e Isidro Gabino.
Para mi sorpresa, muchos tenían a los talibán como algo del pasado, un retazo casi olvidado de una época en la que se buscaba a Osama bin Laden por las montañas de Tora Bora. Sin embargo, lejos de ser derrotados, estos fanáticos han sobrevivido a la guerra, como ya hicieran con la invasión soviética de los años 80, y de hecho se han hecho fuertes, muy fuertes, en algunas zonas del país asiático y el vecino Pakistán y son capaces de lanzar ataques de considerable magnitud, como el que sufrió el aeropuerto de Kandahar y que se saldó con más de medio centenar de muertos hace sólo unos días.
Llegaron a estar en el Gobierno desde 1996 hasta 2001, fecha en la que el mundo cayó en la cuenta, a golpe de atentado, de que algo había que hacer con ese estado fallido enclavado en la mitad de ninguna parte. Conviene recordar que los talibán no son Al Qaeda ni nunca lo han sido. La red terrorista de Bin Laden buscó una alianza natural y oportunista por motivos religiosos e ideológicos para afincarse en Afganistán y de su mano hicieron de este milenario país un nido de radicales a exportar a todo el globo para expandir la yihad.
La instauración de la democracia (sí, claro) en Afganistán hizo que los talibán quedaran relegados del poder, o quizás eso se nos hizo creer. Sabedores de su poder sobre el terreno, las potencias occidentales jamás vetaron a estos fanáticos como negociadores válidos. En este sentido, sorprende saber que Estados Unidos y la Unión Europea nunca incluyeron a los talibán, que a día de hoy suman unos 60.000 efectivos, el doble que Estado Islámico, en sus listas de organizaciones terroristas. Nunca, ni siquiera en los meses más cruentos de la guerra contra el terrorismo de George W. Bush..
Es más, al frente del país se colocó a dedo, con el objetivo de intentar contentar a todas las tribus y etnias que salpican el país, a un antiguo talibán, Hamid Karzai. Como ya hiciera EEUU para impedir la expansión de la URSS, nos metimos en la cama con quien después nos la ha clavado. Ahora, mientras con una mano firmaban pactos de pacificación, con la otra detonaban un explosivo.
Tristemente, los que nos han atacado y asesinado, como antes hicieran con estadounidenses, italianos o británicos, en un largo etcétera, tienen un abultado historial de contactos con Occidente, que los ha tenido por cómplices según los cambiantes intereses.
Por desgracia, los agentes García y Gabino han sido víctimas de esos mismos terroristas (léase, aquellos que siembran el terror, aunque no figuren en una lista de despacho) a los que metimos en nuestra cama a sabiendas de sus intenciones. Que no se repita. Nada bueno se debe esperar de esta gente, que lo único a lo que aspiran es a volver a instaurar su régimen medieval y despótico. Se les debe combatir con la máxima determinación.
TEMAS RELACIONADOS: