Opinión

Dudas socialistas

TRIBUNA

Agapito Maestre | Miércoles 16 de diciembre de 2015

La segunda parte de la campaña electoral nada tiene que ver con la primera. Sánchez ha conseguido un imposible: todos seguimos hablando del debate entre Rajoy y Sánchez. Ha logrado introducir todo tipo de dudas sobre la propia campaña y los resultados finales. Rajoy, a pesar de su huida de los debates, estaba más o meno tranquilo, pero, después de su cara a cara con Sánchez, ha salido tocado. Sánchez ha roto la dinámica de esta campaña. También le ha dejado claro a los emergentes que estas elecciones son, nada más y nada menos, que para formar Gobierno. Todos tienen que retratarse. No valdrá quedarse en la abstención o en el ya veremos. Todos los partidos tienen que empezar a diseñar estrategias claras y distintas. Nadie se engañe hasta el último momento por cinco o diez diputados más o menos. Nadie se engañe pensando que Rajoy o Sánchez dimitirán por sus malos resultados. Nadie se engañe esperando, hasta última hora, una cifra milagrosa que los lleve a la Moncloa sin mancharse con pactos. El día 20D nada tiene que ver con el 22D.

Sánchez ha clarificado otro asunto que no es menor: cierto que hay un cambio generacional, la gente joven vota más a los emergentes que a los partidos tradicionales, pero no es menos cierto que millones de votos de pensionistas y ciudadanos de zonas rurales siguen votando al PP y al PSOE. Por mucho que se quiera hacer de la necesidad virtud, los emergentes no salieron bien de ese debate, sencillamente, porque no estaban allí. Habían sido excluidos por Rajoy y Sánchez del sistema político. Por lo tanto, la victoria de Sánchez sobre Rajoy apuntala el sistema. La socialdemocracia española se agarra a un clavo ardiendo para que el tinglado del 78 no caiga. Los aparatos de los partidos están ganando a las cabezas y las viejas costumbres tratan de descalificar a las nuevas ideas. Este final de campaña organizado para mayor gloria de Rajoy ha resultado un fiasco para él, pero, por desgracia, también puede ser un drama, en primer lugar, para Podemos en su lucha por la hegemonía de la izquierda con el PSOE. González, Cebrián, Solana y Sánchez han puesto pie en pared y van a por Iglesias y los suyos. Otro tanto, no lo duden, hace la derecha a través de todas sus terminales mediáticas con Ciudadanos: hay que detenerlos como sea para que no crezcan. Por cierto, las actitudes de los medios de comunicación de derechas con Ciudadano no son más suaves que los de izquierda, a veces dan miedo escuchar la COPE y ver 13TV.

Tengo la impresión de que la voluntad de cambio político de los nuevos partidos, después de la arremetida de Sánchez contra Rajoy, está siendo vencida por la inercia del sistema. Lo peor de la Realpolitik está imponiéndose al entusiasmo democrático por la regeneración del sistema. El merito de Ciudadanos es impresionante. Sus dirigentes han hecho un buen trabajo. Hablan bien y preparan magníficamente todos los temas. Han cumplido y llegarán lejos, pero es imposible en tan poco competir con los cientos de miles de sedes que tienen el PSOE y el PP… En fin, Sánchez evidenció en el debate con Rajoy que el tinglado del 78 resiste. Los socialistas siguen teniendo mucho poder en España. Por el contrario, las declaraciones de Iglesias, después del debate, resultaron peor que cínicas, eran propias de un pésimo político. Quedó desbordado por lo real: él nunca se hubiera atrevido a decirle al presidente del Gobierno de España lo que hizo Pedro Sánchez. Iglesias puso cara de buen muchacho y dijo que eso era propio de la vieja política. Falso. Ahí perdió todo su crédito político. Muchos de sus potenciales votantes se quedarán con Sánchez. Ha quedado retratado para siempre. Se puede decir una cosa y la contraria, puede mentirse permanentemente en una campaña electoral, pero también en la política hay límites: dárselas de exquisito a estas alturas de la película es peor que pasarse. Es una quimera. Sánchez ha mostrado que su partido no está acabado. El PSOE no se arredra y menos frente a Podemos. Y nadie olvide que Pedro Sánchez tiene la misma edad que los líderes de los partidos emergentes, ha sido concejal durante cinco años, habla bien, tiene un partido detrás con algunas cabezas sensatas y El País, ay, lo protege.

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