La campaña electoral que sufrimos será recordada por el potaje de partidos que concurren y por dos actos inauditos, sucios y violentos: la coz de Sánchez a Rajoy en el debate del lunes y el puñetazo que le ha propinado un radical adicto a Podemos cuando paseaba por el centro de Pontevedra.
Pero el rastrero insulto del líder del PSOE ni es comparable ni puede considerarse el desencadenante directo de la agresión perpetrada este miércoles. En efecto, por macarra que fuera la actitud de Pedro Sánchez el lunes nadie debería responsabilizarle del brutal puñetazo que el candidato del PP sufrió en Pontevedra. Aunque algunos lo harán.
En todo caso, ya es tradicional que el PSOE, cuando intuye que el PP va a ganar unas elecciones, recurre a cualquier artimaña, por rastrera que fuere, para intentar obtener provecho electoral. En 2004 nadie dudaba de la victoria de Rajoy, pero el 11M fue la excusa para que Rubalcaba sacara a la calle a las masas más radicales a llamar “asesinos y mentirosos” a los candidatos del PP, a rodear violentamente las sedes del partido y a desencadenar el vandalismo callejero. Y con la inmensa ayuda del grupo Prisa lograron darle la vuelta a los resultados para que ganara Zapatero.
Ahora, la artimaña la ha fraguado Pedro Sánchez. El líder socialista es consciente de que, salvo un milagro, el domingo el PSOE obtendrá los peores resultados de su historia y, por ende, el día 21 será escabechado. De ahí, que intentara aprovechar su última oportunidad para salvar el pellejo recuperando los millones de votos que le ha birlado Podemos. Y nada mejor que insultar a Rajoy ante millones de españoles para ganar la admiración de los más radicales. Pero el tiro le salió por la culata, por mucho que ahora intente justificar su sucia maniobra.
Se equivocó Sánchez al llevar al límite su agresividad, pues quedó patente que camuflaba su falta de argumentos y propuestas con la ordinariez de su comportamiento. Pero el puñetazo de ayer puede ser su tumba política, pues muchos lo relacionarán con el clima de crispación que imprimen los socialistas en campaña. Porque en ese espeso caldo de cultivo los descerebrados se sienten cómodos para sacar los puños a pasear.
También Aznar fue zarandeado y llamado” asesino” después de que Rubalcaba convenciera a buena parte de la opinión pública de que el PP era responsable del atentado del 11M por la participación de España en la guerra de Irak. Una gran mentira que sirvió para ganar unas elecciones, porque nuestra nación nunca entró en combate, por mucho que Aznar apoyara a Bush.
Fue una gran manipulación relacionar el 11M con la guerra de Irak, como lo sería equiparar la calumnia de uno con el puñetazo de otro. Pero si los socialistas ganaron las elecciones en 2004 por su operación de acoso al PP, ahora podrían salir desguazados de las urnas por la mala suerte de producirse una agresión física a Rajoy dos días después de los insultos de Sánchez. Los electores podrán percibir el tufo agresivo con el que el PSOE ensucia la campaña y perder así a sus votantes moderados, que, aunque no lo sepa el secretario general, son mayoría. Y, lo que es peor para él, puede movilizar a los simpatizantes del centro derecha para apoyar al PP, hartos de los continuos ataques que sufre el partido.
¿Y si resulta que Rajoy gana holgadamente las elecciones por una coz y un puñetazo?