Opinión

Menos puñetazos y más urnas

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 17 de diciembre de 2015

Si la violencia verbal en Internet y en la calle, en una manifestación o marea es normal; si resulta que hacer un escrache a un político es normal; si, igualmente, rodear un parlamento e intentar ocuparlo para amedrentar a los representantes del pueblo es normal; si pegar a un policía y presumir de ello es normal, ¿a quién sorprende que un joven, casi mayor de edad, propine tremendo puñetazo de forma premeditada al presidente del Gobierno?

La agresión a Mariano Rajoy ha marcado el final de la campaña electoral. Aunque el presidente ha pedido moderación, serenidad y huir de los extremismos, la realidad es que muchos tienen lo que buscaban y otros lo que querían. Crispar, amenazar, justificar lo injustificable tiene estas consecuencias. Lo triste es que lo saben.

Todos los candidatos han condenado la agresión, pero habría que analizar si algunos enfermos entienden el mensaje de sus líderes políticos, que no siempre son todo lo claros que deberían en la forma de explicar cómo conseguir determinados objetivos. Este tipo de grupos radicales existen y son permeables a los mensajes constantes de odio que se envían contra Rajoy en particular y el PP en general.

Y digo yo: ¿Ha sido todo fruto de la casualidad, de las ganas de notoriedad de un joven en busca de su minuto de gloria? ¿Hay que reformar la Ley del Menor? ¿Cuál es el caldo de cultivo que fomenta estas actitudes? ¿Qué parte de culpa tienen todos los responsables políticos que alientan estos comportamientos? ¿Qué responsabilidad deben asumir los que justifican a los grupos antisistema? ¿Es un puñetazo el paso siguiente de los escraches?

Aunque se ha leído que esta agresión al presidente del Gobierno “no tiene tanta importancia” y algunos prefieren poner el foco en los pobres padres del chico y la vergüenza que van a pasar, el guantazo no deja de poner en evidencia la gigantesca degradación que está sufriendo la política en España.Pero en esas estamos. Tan feo es echarle la culpa de la agresión al tono utilizado por Sánchez en el debate a dos, como decir que el incidente seguro que beneficia electoralmente a Rajoy. Y, sin embargo, se dice.

Rajoy fue agredido en su tierra, donde menos se lo esperaba, mientras se daba lo que llamamos un baño de multitudes por un joven sin antecedentes y menor de edad, que, sin embargo, se considera un héroe. Levanta el pulgar, se ríe y dice que está “contento”. Es famoso, su valiente acción se está viendo en todo el mundo. Sus amigos de extrema izquierda le jalean, aplauden y celebran la fechoría. ¿Puede salir gratis una agresión así?

La ley dice que en este caso serían dos años de internamiento cerrado. Dentro de tres meses, cuando cumpla los 18, se podría revisar la condena y, quizá, tener que ingresar en un centro penitenciario. Pero si Rajoy no denuncia, y así ha dicho que será, el joven agresor se irá casi “de rositas”.

Tenemos que ser conscientes de la ejemplaridad en este caso. Si no se castiga de forma rotunda sucesos como el que aquí nos trae mañana le tocará a otro. Y quién sabe si en lugar de un puñetazo, el agresor se acerca con un cuchillo, un hacha o una pistola.

Feo y mal ejemplo el que se está dando. Al margen de los colores políticos, en España sabemos bien que para expresar cualquier opinión la violencia nunca es la forma. Para eso tenemos este domingo una urna.

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