Los Lunes de El Imparcial

Valentí Puig: Fatiga o descuido de España

ENSAYO

Domingo 20 de diciembre de 2015

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2015. 224 páginas. 18,50 €

Por Alfredo Crespo Alcázar



El contexto político, económico y social que vive nuestro país, aparece perfectamente descrito en la obra que tenemos entre manos, la cual presenta la virtud de ofrecer respuestas desde la moderación y el sentido común.

Valentí Puig “inventa” un diálogo entre dos personajes, A y B, cuya finalidad última radica en buscar una solución a los males por los que atraviesa España, previo diagnóstico. Las posturas de ambos protagonistas ficticios resultan compatibles. Los dos, asimismo, conocen bien nuestra historia más remota y la más reciente (aquella que parte de la Constitución de 1978).

Este background resulta de gran utilidad pues gracias al mismo, nos trasladan los riesgos de optar por soluciones populistas como receta infalible para solventar nuestros problemas. De hecho, una de las lecciones que ha dejado el siglo XX subraya el peligro implícito que conllevan determinadas ideologías utópicas, cuyas medidas imposibles sólo acarrean problemas inmediatos.

En su conversación, A y B exponen una batería de temas, desde los más particulares (la deriva secesionista impulsada por el nacionalismo catalán, la corrupción de partidos políticos e instituciones, la influencia de la Unión Europea y el euro…) hasta los más genéricos, como la importancia de la educación en España, aspecto que no ha sido lo suficientemente bien cuidado.

Puntualizan, igualmente, que escenarios como el presente también los hemos vivido en el pasado. Entonces, como ahora, se buscaron modelos en el exterior, tratando de importar los mismos, lo que en última instancia implicaba un comportamiento acomodaticio que posponía el necesario examen de los verdaderos males y sus razones.

Junto a ello, y dentro del clima de realismo que permea todo el libro, A y B nos avisan del riesgo de las respuestas viscerales, producto más del corto plazo que de la reflexión sosegada, como por ejemplo, la insistencia en la reforma de la Constitución de 1978, fenómeno que para algunas formaciones políticas ha adquirido la escarapela de pócima mágica.

A y B no descartan tal opción, pero la matizan. Así, prefieren aludir al clima de concordia que caracterizó a la Transición y que en muchos aspectos ha resultado olvidado o tratado de forma peyorativa, producto de que se vive con intensidad el presente y se omite con alegre facilidad el pasado. Reformar por reformar es sinónimo de desidia, concluyen. Además, el texto resultante difícilmente logrará el consenso del que disfrutó la actual Constitución cuando fue aprobada en referendo.

Con todo ello, frente al abuso de la tesis, más bien sofisma, que enfatiza el ocaso de España, el autor se pronuncia en contra, no admitiendo que debamos considerarnos un “país bananero”, pues esto último sólo refleja complejo de inferioridad. “¿Cómo ha de ser España un país tercermundista cuando la Transición democrática es un modelo mundial y Telefónica está en toda Iberoamérica?” (pág. 36).

En definitiva, una obra que nos da argumentos para detenernos y pensar. Dicho con otras palabras: cualquier acción, si aspira a ser eficaz en su implementación final, exige un juicioso examen previo. España como problema no escapa a esta regla general.