Opinión

Cuba dura

Jueves 05 de junio de 2008
Raúl Castro, el sucesor de su hermano, celebra esta semana dos efemérides. Por un lado, su 77 cumpleaños. Por otro, los cien primeros días como máximo dirigente cubano. Este último período, los denominados “cien días de gracia”, es lo que suele darse a todo aquél que ocupa por primera vez un cargo de relevancia. Es tiempo suficiente para ver, cuando no logros palpables, sí al menos pautas de actuación. Y salvo escasas anécdotas, puede decirse que nada ha cambiado en Cuba. Al menos, no en la medida precisa.

Bien es verdad que, dada la complejidad de un régimen totalitario anclado en el tiempo -medio siglo le contempla-, debe resultar sumamente complicado mover ficha de modo tangible. Pero también es cierto que, precisamente por haber estado tanto tiempo con una carencia absoluta de derechos y libertades, los cambios no pueden esperar más. El hecho de que la nueva etapa de Cuba esté liderada por un cuasi octogenario Raúl Castro, a la sazón uno de los máximos responsables del régimen desde el principio de su existencia, no hace albergar muchas esperanzas de avance. Yerran quienes quieren ver en Raúl al nuevo artífice de una suerte de “perestroika” a la cubana. No parece, sin embargo, que su discurso vaya en la línea inmovilista de Fidel, e incluso se atisban tímidas medidas aperturistas, como la posibilidad de que los cubanos puedan adquirir ordenadores personales. Nada que objetar, si no fuese porque el sueldo medio de un cubano apenas alcanza para subsistir, y los precios de la tecnología en la isla son totalmente inasequibles. Cien días dan para bastante; como mínimo, para ilusionar. En su descargo, cabe decir que al menos no ha endurecido su discurso, sino que éste parece algo más asequible. Es de esperar que la auténtica revolución, la de la libertad, llegue pronto a Cuba. Los cubanos la merecen.

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