Opinión

España, sin remedio

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

José Antonio Ruiz | Viernes 25 de diciembre de 2015

Lo peor de esta España nuestra, doliente, penitente y flagelante, no es que sea ingobernable; ni siquiera que no tenga remedio; sino que no merezca la pena. Un país sin propósito de enmienda, que no se deja querer el muy cabrón, es un caso perdido, que tiene lo que merece, pues no da más de sí, ni escarmienta, empeñado como parece estar en abdicar de sí mismo.

La España sórdida de las alucinaciones, siempre al final de la escapada como Belmondo, se ha acostumbrado a vivir en un viacrucis interminable, camino del Gólgota, a un paso de echar el cierre, como la sucursal desguazada del Banco Hispanoamericano que Sabina apedreó cantando.

España insalvable, herniada, malherida, electrocutada, incandescente, esterilizada, embalsamada, mamada, temeraria, coprófaga, paranóica, conspiranóica, despechada, mamada, desquiciada, ciclotímica, majara, grillada, extraviada y abracadabrante.

Huele a miedo. La España a negro de El último cuplé y La sonrisa etrusca, osario de catalépticos, llama al timbre de la Puerta de Plutón, camino del Averno, inframundo de pecadores. Azraer tiene la mala costumbre de presentarse sin avisar, como el motorista del Palacio de El Pardo, el cartero de Neruda, o mismamente Jack Nicholson en The Postman Always Rings Twice.

Ni en los tiempos aciagos del tardofranquismo hubo tanto tarado suelto con derecho a voto. Definitivamente no es descartable una asonada de la sociedad civil descerebrada dispuesta a dar el golpe a través de las urnas. Los rapsodas sacralizan al pueblo soberano. Y a mí, compadre, me entra la risa, pues te confieso que no consigo hacer pie, ni de puntillas, en esta piscina nacional de morbosos, santones y descamisados.

La España de la vaca frisona no es precisamente El Paraíso de Tintoretto. La caracterización baturra del pueblo español no conoce límites. La gente no suele pensar, porque cansa mucho y en ocasiones hasta inclusive puede conducir a conclusiones desagradables.

La peña flipa. Estando como está España, cadáver exquisito, de cuerpo presente, a la espera del suplicatorio, nuestros políticos siguen en Marte, haciéndose el muerto, flotando en la piscina, mientras la torrija patriótica se desangra, abierta en “canelón”, como el buey desollado de Rembrandt.

El gallinero nacional, cortijo cañí en trance, es un balneario decadente en perill d’extinció. España inmortal, por cunnilingus, exprópiese.Espanya? Vagi-se’n a la merda!

Está el cortijo ibérico, tal cual la Bota del Condotiero, tan agarrado por los pelos, que el día menos pensado se nos va a tomar por el saco el moño, qué coño, de la Bernarda lorquiana.

España, de pulso y púa, simulacro de país, vale lo que calla. Gobernantes, agentes sociales y sociedad civil, apóstatas y traidores. Manifiesto contra la imbecilidad. Todos somos números primos. ¡Qué daño ha hecho a este país la pintura al gotelé!

Hemos pasado de la tradición sainetera, humorística, melodramática, tragicómica y grotesca de Arniches, a la mirada compasiva y moralista de Alfonso Paso, el yerno –ese sí que era un buen yerno- de Jardiel Poncela, que llegó a tener siete obras en cartel en siete teatros de Madrid.

Reivindico la poesía como asignatura obligatoria en las escuelas, sin distingos entre la Noche oscura de San Juan de la Cruz y La Sardana de Joan Maragall.

La tragedia nacional. España asediada, con el enemigo intramuros. La depresión anímica de un país a punto de pegar un petardazo es de tal magnitud, que no va a haber suficientes existencias de ansiolíticos en la rebotica azoriniana de Argamasilla de Alba para hacer frente a los episodios de ansiedad desencadenados por la falta de horizonte.

Desahuciados de la razón de esta España sin horizonte sumida en una crisis anímica donde el necio es carne de cañón. Que no cunda el desaliento, ni tampoco el optimismo. Puto país.

En situaciones así, lo mismo no es tan descabellado plantearse la relectura de Kierkegaard.

Llantos de humo negro salen de la chimenea de la capilla de San Jerónimo, donde los señores diputados se toman el cafelito los miércoles, ajenos al tránsito político y al cambio de régimen, que está por venir.

Ni con pacto ni sin pacto tienen los males de España remedio. Con pacto porque me matas y sin pacto porque me muero. Sor Juana Inés de la Cruz. Amén.

No anda falto de razón Ferrán Adrià cuando dice que «España necesita un reset, o sea, un volver a empezar», que diría Garci.

Vale para España, pobre España, lo que decía García de Butragueño: «Ni una mala palabra, ni una buena acción».

Por lo que más quieras, no le digas a mamá que soy periodista; prefiero que siga pensando que me gano honradamente la vida como stripper en algún local de alterne.

Acoso y derribo del solar patrio. El canódromo ibérico sufre fatiga de materiales. ¡España inmortal, Trending topic, exprópiese! ¡A mí la Legión!