Los Lunes de El Imparcial

Melquíades Prieto: Yo hice la mili

MEMORIAS / ENSAYO

Domingo 27 de diciembre de 2015

Edaf. Madrid, 2015. 320 páginas. 25 €

Por Carmen R. Santos



Fajina, orden abierto, orden cerrado, diana, peluso, furriel, aspirino, dar barrigazos, calimero, capirulo, hacer la pantera rosa, chusquero… son palabras y expresiones que muy probablemente les resulten desconocidas a muchos jóvenes. Sin embargo, hay millones de españoles a quienes les despiertan sentimientos encontrados y, en cualquier caso, les retrotrae a una etapa inolvidable de su vida. Para bien o para mal. Porque el Servicio Militar Obligatorio, conocido popularmente como la “mili”, imprimía carácter a todos los que fueron llamados a pasar varios meses fuera de su casa, alojados en un cuartel y sometidos a instrucción y disciplina. En el año que está a punto de comenzar, se cumplen quince desde que el Gobierno español, en esos momentos presidido por José María Aznar, eliminó la mili. Resulta, pues, una ocasión especialmente óptima para recordar un fenómeno que permanece en la memoria de generaciones de españoles y que, sin duda, no está de más, sino todo lo contrario, que conozcan aquellos que no lo vivieron en primera persona.

En primera persona sí lo vivió el autor de este libro, Melquíades Prieto, y nos ofrece la rememoración de manera tan provechosa como amena en una equilibrada simbiosis de datos y anécdotas, de historia e intrahistoria, acompañada de un amplio número de ilustraciones -que incluyen divertidas viñetas y el poster “Cosas que pasaban en el cuartel”-, y de fotografías tanto de ciudadanos de a pie como de políticos -entre otros, José Bono, Felipe González, Mariano Rajoy, Alberto Ruiz-Gallardón, Jordi Pujol…-, y personajes públicos como el escritor Antonio Muñoz Molina, el cineasta Pedro Almodóvar, los cantantes Raphael, Manolo Escobar, Luis Eduardo Aute, o Joan Manuel Serrat, los deportistas Fernando Romay, Perico Delgado o Miguel Pardeza… Muy entretenido es el juego que se nos propone de “Adivina quién es quién” a través de las fotos de famosos en traje de soldado.

Melquíades Prieto -profesor de Literatura durante más de una década y luego más de veinticinco años inmerso en una fructífera trayectoria en el mundo de la edición-, comparte con nosotros recuerdos y un rico anecdotario de los veintidós meses en los que sirvió a la patria, un periodo que por circunstancias coincidentes con la muerte de Franco fue más largo del habitual, y en el que hizo la mili por la Instrucción Militar para la Escala de Complemento (IMEC) ejerciendo de sargento. Paralelamente, traza el discurrir y los avatares del servicio militar obligatorio en nuestro país, y nos describe el día a día que, con ligeras variantes, se desarrollaba en los cuarteles, desde las 7:00 h. de la mañana con el toque de diana hasta la retreta a las 22:00 h.

Sin olvidar, entre otras cuestiones, la talla, el sorteo y el reemplazo, el armamento, las guardias, las novatadas, los escaqueos y los arrestos, las fuerzas especiales, las milicias universitarias, la objeción de conciencia…, junto a una explicativa y completa lista de vocabulario y jerga militar, y curiosidades como las “Leyes wissagrales” o la oración “Bisanuesto” que circulaban en los acuartelamientos, referidas a la emblemática figura del “bisabuelo”, el “bisa”, ese soldado veterano que se arrogaba singularidades y privilegios: “El wissa no se pela, va a la moda”; “El wissa no se escaquea, se confunde con el terreno”; “El bisabuelo nunca llega tarde, son los demás los que llegan pronto”…

El volumen, por otra parte, se enriquece con los testimonios de varios profesores, periodistas y escritores que evocan su mili. Como Lorenzo Silva, quien considera que el peor verano de su vida fue el de 1984 cuando, dice, “me vistieron con un uniforme azul y me pusieron a marcar el paso diez horas al día bajo el inclemente sol de la meseta”. Pero también confiesa que tuvo la oportunidad de conocer “a mucha gente que ni siquiera sabía que existía; gente que no pertenecía a mi mundo y cuyo trato me ayudó a descabalgarme de la nube en que había flotado hasta entonces […] Tiendo a creer que mi interludio militar fue una forma llevadera de mejorar mi deficiente y parcial visión del género humano, que siempre resulta útil”.

La mili, durante mucho tiempo obligatoria para los varones españoles, no dejaba de contar con quienes la defendían o la rechazaban a ultranza con ímpetu. Sin embargo, como suele ocurrir con casi todo en esta vida, las cosas no son en blanco y negro. De ahí que uno de los aciertos de este libro es precisamente que su autor traspasa ese blanco y negro y no cae en los extremos encontrando los matices en una atractiva propuesta donde el ejercicio de la nostalgia está siempre en su punto.