Los Lunes de El Imparcial

William Boyd: Suave caricia

NOVELA

Domingo 27 de diciembre de 2015

Traducción de Damià Alou. Alfaguara. Barcelona, 2015. 552 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 9,99 €


Por Paulo García Conde



William Boyd lleva tiempo jugando con algo que pocos autores pueden permitirse: el moderado y controlado vaivén entre la buena literatura y el fenómeno best-seller. Sus anteriores trabajos se han convertido en éxitos editoriales, sin renunciar a un grado de calidad garantizada, en mayor o menor medida, en las obras que va componiendo a lo largo de su bibliografía. Tras su muy celebrada novela de espías Sin respiro, el autor aceptó el reto de escribir, por encargo, una novela que se sumase a la saga de James Bond, bajo el título de Solo. Este fue su último trabajo antes de Suave caricia. Las muchas vidas de Amory Clay; respetado por muchos, elevado a la categoría de las pertenecientes al propio Ian Fleming por otros.

Con esta obra, el cambio de registro es total. Otra particularidad que el autor de nacionalidad escocesa aunque oriundo de Ghana lleva bien adherida a su pellejo de escritor. Está en esa situación en que puede permitirse escribir lo que él decida y, para bien (no todos los autores en circunstancias parejas harían lo mismo), una de sus más marcadas pretensiones es arriesgar. Pudiendo modelar cualquier sencilla historia que será vendida por llevar la firma con su pseudónimo, William Boyd prefiere hacer un esfuerzo y disfrutar no solo del proceso de escritura, sino también del más puramente creativo. Tiene ganas y ambición, una reliquia en quien podría limitarse a vivir de las rentas.

Suave caricia. Las muchas vidas de Amory Clay es la historia, narrada en primera persona, de una fotógrafa del siglo XX con una vida apasionante. No una de esas vidas que merecen ser retratadas en los libros, en el cine, en las escuelas. Es la vida de un ser humano muy semejante a quienes no gozamos de situaciones inalcanzables o mágicas, sino de momentos y vivencias que solo pueden ser vividos por nosotros mismos. Lo grandioso de la narración, como del acto de vivir, reside en la mirada única de su protagonista. En la forma de acercarnos a su propia vida. Boyd se mete en la piel de una mujer y construye una voz asombrosa, que no declina en ningún momento. Pero no solo hace eso. Nos acerca a un personaje singular que, en realidad, nunca ha vivido. Nos hace apegarnos y aprendernos la emocionante vida (o vidas) de una mujer fotógrafa, Amory Clay, que nunca existió. Hasta ahora, que el autor la ha creado de una manera en que, si alguien se acerca a esta novela, pasará a tener una nueva compañera, una nueva conocida. Una persona de otra época, de otro momento.

Pero tal es el esfuerzo del escritor que la documentación, tanto escrita como gráfica, que incluye en el libro convierten a este en una impecable pieza de relojería; cada pieza creada con esmero, colocada con buena mano en el lugar adecuado. No nos despegamos de la protagonista desde su nacimiento, acompañándola hasta la última de sus andaduras, hasta el definitivo aliento. Y durante ese proceso, no falta la fotografía de diferentes acontecimientos que sí ocurrieron en el siglo XX. Después de todo, Boyd no quería renunciar a toda la documentación y conocimientos acumulados. Pero, por una vez, podemos perdonar que nos hablen por quincuagésima vez sobre la II Guerra Mundial o de la de Vietnam. Porque lo importante no son los escenarios, sino la mujer que se mueve por ellos. Su vida, o sus muchas vidas, en definitiva