Opinión

Feliz Navidad, Marruecos

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Domingo 27 de diciembre de 2015

En mitad de los pactos pavisosos y el retrato nupcial de los imposibles compañeros de cama a que mueve el poder, se nos ha aparecido la Navidad, nuestra musa de la felicidad; el acuerdo para la investidura del futuro presidente de España se muestra cada vez más confuso e incierto porque se nos hace una política del desenfoque; los candidatos nos recuerdan a algunos a las perdices cuando se miran a los ojos para hacerse el retrato de esta costa decembrina de boquitas pintadas.

En el debate del polvorón moderado por un eterno y añejo Campo Vidal los candidatos se subieron a la mesa y Pedro “Ps” Sánchez puso sobre el mantel todas las hormonas de macho alfa para dar a la afición un gorila de invierno aporreándose los pectorales y pegándole al presidente unos gritos en octosílabo. Rajoy puso sus ojos de foto cristalina, de mariposa en el ámbar, y el griterío de Ps lo despertó de su vida somnífera… Apagamos la tele –mejor ver la zapatilla propulsora de la teletienda o a los ludópatas el póker–, después de un debate de rebajas de Zara, que ya no se lleva tanto desde que Primark invade la Gran Vía y no nos deja caminar a gusto.

Con este hartazgo, organizamos una formidable expedición académica y cultural y tomamos un avión de Iberia con destino al Continente Negro. Sucedió que fuimos a Marruecos para empezar la Navidad en el XV Festival Internacional Martil de Cine Marroquí e Iberoamericano, invitados por su presidente, Ayoub Elanjari Elbaghdadi, para hablar de “Las imágenes del otro en el cine español”. Recorrimos de nuevo los caminos empalmerados, las murallas almenadas y las torres de mezquita de Tetuán, sus musulmanes con chilaba, su olor magnífico a leche agria, moho, cuero, azafrán y pimienta. Rafael Gordon, la flema y la ironía europea en España, la mente y el humor fino del clásico viviente, estrenó en el Festival su última película, Todo mujer, con el mejor papel que ha hecho la gran Isabel Ordaz y el debut de un Alfonso Arranz en estado de gracia, y recibió el Premio Homenaje del Festival por su carrera, ante la celebración y aplausos de sus admiradores –¡y jóvenes admiradoras!–.

Sin abuso de sabidurías y cinefilia y periodismo a borbotones hablamos de “Las imágenes del otro en el cine español” con Eugenio Fontaneda y Jaime Trabuchelli –la clásica elegancia de la inteligencia y la sensibilidad–, y con nuestros alumnos de Periodismo de la Universidad Carlos III que son noche y gala, frescura y amor, agudeza y belleza, encanto natural y guapazo sin añadidos. A golpe de palabra y sonrisa y como si de un juego se tratase, Ruth Drake, Jessica de Jesús, Lucía Alcalde, Ismael Cámara, Mar Forteza, Eliana Gálvez, Laura Barrero, Isabel Hernáez, Marina Cascón, Marina Cicuéndez, Sara Barroso, Belén Díaz y Elena García Benlloch nos hablaron en la École Normale Supérieure de los grandes de la pantalla, mientras el muecín convocaba a la oración con su llamada que nos parece a la vez lamento, desde el alminar más próximo.

En Martil nos enamoramos de sus hospitalarias gentes, bebimos hasta emborracharnos el delicioso zumo de caña, cenamos los más exquisitos pescados y mariscos en los míticos Chef Said y Cabo Negro, paseamos por el arenal de sus inmensas playas que terminan en la cinta azul del Mediterráneo, bailamos de madrugada en el Jazz Club del Suites Omeya con los más variopintos personajes escapados de una novela de aventuras –piratas, mercenarios, corsarios y contrabandistas de fábula que danzaban sin parar– y disfrutamos del certamen en la sede del Cinema Rif. Compartimos debate con los profesores Nadia Iamidi y Abdelfattah Lahiala, la cortometrajista María Sánchez Testón –que presentaba a concurso “Cefalea”–, el documentalista Andrés Salaberri –codirector de “The Last Voyage of Eva Jocelyn”– y los realizadores Pedro Neves y Raúl Fernández San Miguel, miembros del jurado. Y reímos sin parar, gritando uaja y cada vez que Mohammad Bouzoubaa extendía en su cooperativa decenas de alfombras, cubrecamas y manteles de mil colores a nuestros pies, estimulando nuestra sensibilidad occidental con el té moruno que sabe a hierbas y a menta.

Nos perdimos sin rumbo entre sus tiendas de cambistas, tratantes de lana, campesinos rifeños, vendedores de aceite, jaulas de gallinas, calderos de cobre donde los peces daban sus últimos coletazos, babucheros, cosedores de chilabas y vendedores de oro y seda, mientras sorteábamos a las mujeres embozadas y los muchachos tocados con su fez rojo que se acercaban a hablar con nuestras chicas saludándolas con finas salemas, callejeábamos evitando el fugaz salto de un gato famélico y jaspeado y mirando los fanales de bronce que pendían de los arcos ojivales sobre nuestras cabezas, como puntillas de arabesco. La Navidad empezó para nosotros en un barrio moro bajo los techados de vigueta, al otro lado de un arco en forma de herradura dentada, entre calles encaladas y techadas de pámpanos y puertecillas de madera centenaria ornadas con constelaciones de clavos.

Nos parece ahora que Marruecos es más real que esta Navidad televisual de resaca electoral y cartón piedra. Por lo menos, de lo que sí estamos seguros es de que aún seguimos todos juntos en la acuarela de aquella playa de lentitud brillante y gozosa, con la cabeza envuelta en el turbante de un sueño de paz que fue real, la paz del creyente, del musulmán y del cristiano que cree en la hermandad de pueblos diferentes. Nos hemos traído sus estrellas, su sol y su luna para que nos iluminen estos días con su resplandor galante y alegre. Feliz Navidad.

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