Opinión

Juntos Por el Sí y revueltos por el no

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Lunes 28 de diciembre de 2015

Nunca un respetado recinto destinado al alto deporte del atletismo fue mancillado con una alocada carrera de fondo tan bajo. La pista cubierta de Sabadell ha sido convertida en corrala para representar un vergonzante espectáculo. Había más democracia en una elección al Presidium del Comité Central del Partido Comunista de la Albania de Enver Hoxha que en la asamblea de la CUP. Pretenden hacernos creer que la cosa terminó en tablas. Como si de una partida de ajedrez entre Kárpov y Kaspárov se tratase. Un empate técnico, por aquello de que la burda comedia resultó técnicamente perfecta: 1.515 a 1.515. Ya puestos, podían haberse estirado un poco más y alcanzar unas cifras verdaderamente proindependentistas, 1.713 a 1.713, por ejemplo, aunque el escrutinio arrojara más votos que votantes. ¡Qué más da! Llegado el caso, no había en la asamblea observadores internacionales que alertaran del fraude garantizando el correcto funcionamiento electoral. Al darse el empate, unos delegados de Palafrugell, en su sano juicio, pidieron ir a la tanda de penaltys. Pero resolver aquella superchería asamblearia desde el fatídico punto de castigo hubiera supuesto castigar con enseñamiento y en demasía a Artur Mas. Tras una verborrea considerable y una exaltación retórica muy grande tan solo acordaron aplazar al 2 de enero la decisión de autorizar o no esa venta de Baños a Mas consistente en cuarto y mitad de President, que recuerda más a una marca de productos lácteos que a un cargo honorable de la Generalitat de Cataluña. Después de veinte siglos sin ser nación, los demagogos de la CUP pueden esperar unos días más. Aún pueden amenazarnos con toda una batería de necedades funestas propias de cerebros extravagantes.

Va a resultar cierto eso de que en la política son falsos los números y hasta las palabras. En los comicios de septiembre el separatismo catalán no llegó siquiera al 50% de los votos. Y con un 8% la CUP, cuyo líder dijo que no podía haber independencia sin ese 50% del electorado, mantiene en vilo a los separatistas y ha puesto a Cataluña patas arriba. Por su parte, Mas lleva meses envuelto en una tupida malla de la que no puede liberarse si no es forzando alguna de las cuerdas. El problema es que ya no le queda ni una sola cuerda a la que agarrarse. El sostiene que ha reforzado su tesis con la mayor argucia, pero eso no impide, por supuesto, que su tesis siga siendo ridícula. Muchos catalanes llevan largo tiempo soportando esta suerte monótona de desaciertos y traspiés; están sumamente hartos e irritados con todo lo que está sucediendo sin saber quién irrita más, si el tonto o los malvados. Esperemos que toda esta falta de escrúpulos que están demostrando el uno y los otros tenga un límite cuando enfrente haya quien sabe contestar y esté decidido a hacerlo.

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