Opinión

Cata...clismo

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Lunes 11 de enero de 2016
La democracia en Cataluña ha sido adulterada mediante fraude y convertida en un cambalache. Lo que no dieron los votos se ha robado mediante pactos. Si éstos valen más que aquellos, si unos tratantes tienen más fuerza que los votantes, entonces nos desandamos hacia el feudalismo y sus pactos de vasallaje. Si los deseos son más poderosos que las leyes retrocedemos a la tribu y a la selva. Progresamos hacia atrás y vamos directos al totalitarismo. Son ya vasallos de los diez diputados bolcheviques de la CUP el resto de miembros del Parlamento catalán y todos los catalanes, tanto los constitucionalistas como los partidarios de ilegalidades y entelequias. Una decena de individuos decide sobre seis millones de personas. Proporcionalmente, casi como en Corea del Norte. Democracia de hidrógeno.

Igual que la nación española acorazó su unidad en la lucha contra el invasor francés levantando el alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, la bandera contra Napoleón, los aspirantes a la república independiente de Cataluña, fieles a las más entrañables y arraigadas tradiciones hispánicas, han elegido como abanderado contra los “invasores” también a un alcalde, de Gerona, ¿general Álvarez de Castro en el subsconciente? Como Mao Tsé Tung, Puigdemont ha de ser ese gran timonel de la larga marcha hacia la creación del nuevo Estado. Se encargará de crear toda la burocracia relativa al procés como la Hacienda, el Banco Central, una representación exterior en todo el planeta y unas aduanas catalanas. Asimismo, elaborará un plan de choque con una inversión de 1.000 millones ¿euros o moneda propia? para luchar contra la pobreza y dotado de una renta mínima de inserción. Se garantizará además el derecho a la vivienda. Lo mismo que en el Monopoly, que se perciben rentas y subvenciones, se reciben herencias y legados y se compran calles y casas; y hasta hoteles. Pero sin comisión del 3%.

En 1947, antes de ascender de demagogo a burócrata, Mao publicó un pequeño folleto conteniendo su proyecto de reforma agraria para China. Aquello fue como un rayo de esperanza que se extendió fulminantemente sobre las numerosas poblaciones y aldeas chinas, miserables y hambrientas. Tres frases de aquél folleto hicieron impresión sobremanera en el sufrido pueblo oriental: “Eliminaremos a todos los señores y repartiremos sus tierras”; “Perdonaremos todas las deudas contraídas antes de esta reforma”; “Los bienes de los comerciantes, industriales y artesanos no serán tocados por la revolución”. Como todas las consignas demagógicas, fueron fáciles de decir pero muy difíciles de ser llevadas a la práctica. Años después, únicamente los señores serían sustituidos por los señores del Partido. A pesar de su demagogia, a Puigdemont ha de agradecérsele su sinceridad a la hora de pedir perdón a la ciudadanía por el espectáculo de las negociaciones. Han sido más de tres meses de esperpento y doblez, que unidos al tiempo de inacción por enfrascarse un irresponsable como el que Mas en un estéril y pueril empeño, llevan camino de desatar en Cataluña y en sus gentes un auténtico cataclismo.

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