Opinión

Robin Soderling, del tenis a la enfermedad

ENTRE ADOQUINES

Alicia Huerta | Miércoles 13 de enero de 2016
Permítanme, aún consciente de que hoy lo que toca es hablar de política, que me la juegue intentando desviar su atención hacia otros derroteros. Menos emocionantes y, con seguridad, demasiado alejados de la trepidante actualidad que nos acapara estos días. Les prometo que será de forma breve, casi fugaz. Ya saben que no es la primera vez que dedico estas líneas a hablar de alguna patología médica o categoría especifica de enfermedad, como, por ejemplo, las llamadas enfermedades raras. En todo caso, siempre en relación a patologías extrañamente ignoradas e, incluso – créanme – vilipendiadas. Hace unos años, con ocasión de la retirada del piloto Casey Stoner de la competición profesional donde tantos triunfos había cosechado, titulé esta columna “Que echen a Casey Stoner del Mundial de MotoGP” con una evidente dosis de cinismo y el claro objetivo de dirigir el foco de atención hacia una enfermedad que ahora se ha cobrado la carrera de otro deportista de élite, el tenista Robin Soderling.

Lo terriblemente curioso de la cuestión es que, a pesar de los años transcurridos entre ambas indeseables noticias, en general se siga sin mencionar de forma clara y rotunda a la siniestra culpable de las respectivas rendiciones de los citados deportistas. Ni siquiera se llega a mentar de pasada el nombre con el que la inmunóloga estadounidense Nancy Klimas rebautizó a la hasta entonces llamada Encefalomielitis Miálgica, hoy Síndrome de Fatiga Crónica. ¿En qué estaría pensando tan ilustre señora cuando le pidieron que simplificara el nombre para hacerlo más conocido, más “accesible? Ella misma, tiempo después de su desafortunado alumbramiento, reconocía públicamente que se trataba de un término poco acertado, y tan trivial que no reflejaba “el verdadero sufrimiento” de quienes padecen esta compleja y debilitante enfermedad. Patología que, para colmo, ni siquiera tiene a la fatiga como único síntoma de un síndrome complejo, cambiante, traicionero e invalidante. ¡Que se lo pregunten a Stoner o a Soderling! Nancy Klimas ha llegado a declarar incluso, en su particular mea culpa, que su dichoso nombrecito no ayuda – más bien al contrario ­ a que la sociedad, tampoco la médica, se tome en serio la EM desde que se llama SFC. Cuestión aparte es que seamos tan superficiales como para quedarnos en simples terminologías, pero he prometido no alargarme así que este asunto lo dejamos para otro día.

Por eso, solo “gracias” a casos como el de Casey Stoner, y ahora el de Robin Soderling, surge la posibilidad ­ y hay que cogerla al vuelo ­ de dirigir los focos hacia este síndrome tan injustamente tratado, sin protocolos específicos para que cualquier médico de atención primaria, o de urgencias, sepa qué hacer con tan extraños pacientes que presentan diferentes dolencias sin que las pruebas más habituales arrojen los resultados que ellos esperan. O, al menos, que les den pistas. Resulta tremendamente triste que haya que esperar a casos como los de Stoner y Soderling para poder permitirse el lujo de escribir unas líneas sobre ello. Porque nada más doloroso que renunciar a una carrera, a una vida de mayor o menor éxito, a causa de una enfermedad que, para colmo, puede ser vista simplemente como un exceso de reposo de quien lo único que hace es estar “todo el santo día fatigado”.

Hablando del piloto australiano, solo en los círculos más cercanos se mencionó, en voz baja, la fatiga crónica. La realidad era que las pruebas que le realizaban no arrojaban un diagnóstico claro, pero él cada vez llegaba a la meta a lomos de su incontestable Ducati más retrasado, extenuado al límite. Hasta que no le quedó más remedio que aparcar su demostrada ansia de podios. Por lo que se refiere a Robin Soderling, el tenista que en 2009 tantos titulares protagonizó en la prensa española por eliminar a Rafa Nadal en octavos de final de Roland Garros, las últimas noticias publicadas sobre su retirada definitiva de la competición hablan únicamente de sus problemas de salud a raíz de “una extraña mononucleosis” contraída en 2011, de la que nunca se recuperó. Resulta increíble que nadie considere de interés explicar que un elevadísimo porcentaje de enfermos contraen o manifiestan el síndrome precisamente como consecuencia – o después ­ de una infección causada por el virus de Epstein Barr, es decir, de una mononucleosis.

“Quisiera volver a jugar al tenis porque amo este deporte y siento que, cuando me vino la enfermedad, estaba en mi mejor momento de forma”, ha declarado hace unos días Robin Soderling, haciendo recordar a muchos afectados de SFC la vida que llevaban antes de que la Encefalomielitis Miálgica irrumpiera en su existencia poniendo todo patas arriba: trabajo, familia, amigos, vida social, estado de ánimo y, por supuesto, forma física, para verse obligados a iniciar un largo peregrinaje por el desierto de la falta de diagnóstico, la incomprensión y la soledad, preguntándose cuándo llegarán, por fin, a un nuevo y esperanzador destino.

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