EL IMPARCIAL | Viernes 15 de enero de 2016
El nuevo Ejecutivo autonómico catalán se estrenaba ayer sin la presencia de Artur Mas, que unas horas antes había renunciado a su acta de diputado. Así, Carles Puigdemont es ahora President, aunque muy probablemente quienes manden sean Esquerra y la CUP. En este sentido, resulta curioso ver las similitudes en la toma de posesión de los nuevos miembros del Govern y de los diputados antisistema que el pasado miércoles hacían lo propio en el Congreso de los Diputados: fórmulas estrambóticas y provocadoras, que dejan entrever tiempos de escaso o nulo respeto a la legalidad vigente.
Mas se va derrotado. Desde que empezó a concurrir a las urnas, su formación política no ha hecho otra cosa que descender. De hecho, puede decirse que ha desaparecido: a nivel nacional, camuflada tras las siglas de Democracia y Libertad y en el ámbito doméstico, fagocitada por los radicales.
El penúltimo “logro” de Mas ha sido haber dinamitado a su propio partido; porque, el último ha consistido en dividir a la CUP. Deja atrás una Generalidad con graves problemas económicos y una convivencia quebrada por su extrema torpeza. Lo peor es que el daño que ha hecho a toda España –sobre todo, a Cataluña- se va a ver acrecentado por sus sucesores, que ya empiezan a dar pistas de querer seguir por la misma senda rupturista.
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