Opinión

La subasta de España

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

José Antonio Ruiz | Viernes 15 de enero de 2016

Apoteosis del patetismo. Todavía está por nacer el cabrero que le haga a España la fascinante (Pérez-Reverte) declaración de amor que El Chapo Guzmán, narco de culebrón, le ha hecho a Kate del Castillo, La Reina del Sur: «Te cuidaré más que a mis ojos».

Tarantino, sobre su última película, «la más política hasta la fecha»: «Quería contar una historia en la que todos fueran canallas».

El PSOE le hace un préstamo de senadores a Democràcia i Llibertat y a ERC para que puedan tener grupo propio y tal y tal. En el PP, siempre tan espesos de reflejos, no se percatan de la jugada hasta una glaciación después, dormidos como el locutor ruso en el Bayer-Barcelona. Y en el coso de la orquesta del Teatro Real suena La flauta mágica, con Anson absorto en el patio de butacas.

Los chicos de Pedrooo apelan a la «cortesía parlamentaria» para justificar su inusitada generosidad hacia el movimiento cantonal, y el secretario general, consciente de que o acaba en el fondo del barranco político o en Moncloa, se atreve incluso a censurar al Rey por no recibir a la presidenta del Parlamento de la República catalana multiorgásmica. Y nos quejábamos del relativismo de Zapatero…

Los osos del Pirineo no están retrasando su hibernación como consecuencia de las altas temperaturas, sino porque no se quieren perder el espectáculo.

Visca Espanya Lliure…, pero libre de tanto niñato y tanto fantoche como anda suelto, vagando por el prado.

España tiene más gafe con sus gobernantes, que Carlos Sainz en el Dakar y en el Mundial de Rally. Pero la culpa no la tienen los pilotos que conducen el autobús patrio de aquella manera, sino quienes les expedimos el carné de conducir por la fuerza de las urnas para que transiten por las carreteras de Dios mamados de ambición, pues los hay que a poco que se presente la ocasión venden a su madre o le prenden fuego al templo de Artemisa, como Eróstrato, el pastor de Éfeso que se metió a pirómano, en su enloquecido empeño de encontrar la gloria eterna entre el rescoldo de las cenizas.

Democracia en pañales. Cuando la única patria es Hacienda y el Hemicirco de San Jerónimo se convierte en un plató de La Sexta con una guardería dentro, se entiende que el Estado parezca más preocupado por salvar a la Infanta que por salvarse a sí mismo.

Acusación popular contra España. Libra-Nóos del mal, Señor, y perdona a todos estos incautos que tanto daño están haciendo a un país que a diario se sienta en el banquillo de los acusados con la mirada perdida de un condenado en el corredor de la muerte y al que algunos se han empeñado en negarle hasta el derecho al ejercicio de la legítima defensa y la declaración de últimas voluntades.

«Un tal López»(PNV dixit), Patxi, premio a toda una vida viviendo de la teta política: presidente del Par-lamento por obra y gracia de la “solemne” sesión de apertura de la XI Legislatura, charanga incluida. Y Celia Villalobos, Jurasic Park, vicepresidenta primera. A pesar de los nuevos salvapatrias de rasta y caspa, en algunos aspectos la carpa de San Jerónimo despide un regusto más primitivo que el yacimiento arqueológico de Atapuerca. Uno de estos días la señora de Arriola destrona a Irina Shayk como chica Givenchy o mismamente a Antonella Rocuzzo como Balón de Oro. Un año sin Anita Ekberg, la dolce vita, y mira cómo estamos, compadre, llorando su ausencia.

Lo que va del postureo, a la gilipollez totalitaria; de la anécdota del ‘meme’ que tanto juego frívolo da a los mamones, a la categoría.

Nada bueno se puede esperar de un simulacro de país donde un tal Gómez de la Serna, tránsfuga pepero, a falta de una capa de invisibilidad como la de Harry Potter, se esconde detrás de una columna tratando de huir de su propia sombra como los versos de Cernuda; y donde la diputada Carolina Bescansa monta un numerito haciendo una sórdida exhibición de su bebé diputado pixelado, pobre criatura, a quien el día que alcance la mayoría de edad le asiste todo el derecho del mundo a denunciar a su mamá por utilizarlo como muñeco diabólico de feria en el arranque del curso político. ‘Baby adults’, Conexión Samanta.

El BOE todavía no ha publicado el anuncio del golpe de Estado a dieciocho meses vista, pero sí el cese de Mas sin agradecerle los servicios prestados. Y el ‘Rey’ Arturo, caudillo destronado, con el ego más subido que Sean Peen, antes de tomar el camino forzoso del exilio pronuncia su discurso de abdicación todo él ofendido, víctima y mártir de su propia majadería. Bastante suerte ha tenido con que el Rey no le haya mandado directamente a la mierda y la Guardia Civil no se lo haya llevado esposado a las mazmorras del Castell de Montjuïc.

Juro y perjuro. Ruralismo espesito. Retratado ha quedado el tal Puigdemont, canto a la xenofobia («Los invasores serán expulsados de Cataluña»), al pasarse por el flequillo el acatamiento al Monarca y a la Constitución en el acto del juramento de su cargo en el Parlament catalonide. El tal Carles debería tomar nota del nuevo peinado manbun de Justin Bieber. Definitivamente la Arcadia necesita una buena peluquería canina.

Dan ganas de viajar a Los Ángeles con la excusa de los Oscar y no regresar nunca. Ya puestos, más lógico sería acudir a la puja de la lujuriosa mansión de Playboy en Beverly Hills, donde las conejitas de Hugh Hefner, en lugar de aguardar aquí impasibles a la subasta de lo que queda de España, con los conejitos dentro. No me extraña que los sobacos peludos con purpurina, viral femenino, estén arrasando en las redes sociales.

Con la semana que hemos vivimos tan peligrosamente, comprenderás, querido, que esté «chungo por agotamiento», como Bertín Osborne, y más más desconcertado que los científicos de la NASA con las manchas rojas de Plutón, como si hubiera metido la cabeza en un acelerador de partículas.

Wonderfull life. Sólo nos queda una salida: depositar nuestras últimas esperanzas en la alcaldesa Carmena, que quiere prohibir los circos que utilicen animales. Si fuera diputado o senador, me lo haría mirar, por si acaso, no vaya a ser, o sea.