Nicolás Maduro declaraba recientemente el “estado de emergencia económica”, una excusa que le permitirá gobernar por decreto a espaldas del congreso. En honor a la verdad, el país está realmente en estado de emergencia económica, siendo su principal responsable el propio Maduro. Sus denuncias de “complot internacional” y de una “guerra económica que ha hecho que el setenta por ciento de la inflación sea inducida” vuelven a ser de nuevo su único argumento para un panorama cada vez más nefasto.
Sin embargo, por primera vez en muchos años la oposición tiene una holgada mayoría parlamentaria. Ello es así porque la plana mayor del ejército se negó a adulterar las elecciones, dejando al chavismo totalmente descolocado. De esta manera, y pese a la pérdida de tres diputados opositores -claves para una posible inhabilitación presidencial-, Maduro no va a tener el camino tan expedito como hasta ahora para seguir actuando de forma totalitaria.
Con todo, su iniciativa de gobernar por decreto supone un golpe de estado de facto. En la actualidad, Venezuela es el país con mayor inflación del mundo. Hay un desabastecimiento casi generalizado, y la carencia en bienes de primera necesidad es tan acuciante como la de derechos humanos. Lo peor es que Maduro no parece dispuesto ni a reconocer su derrota electoral -se ha apresurado a nombrar a un tribunal supremo domesticado para obstaculizar el funcionamiento de la asamblea- ni a variar un ápice su nefasta política.