Opinión

El arte del toreo

Viernes 06 de junio de 2008
José Tomás va camino de convertirse en un mito. El joven diestro madrileño cuelga el cartel de “no hay billetes” allá donde torea, y la expectación que genera es enorme. Han llegado a pagarse hasta 3.000 en la reventa por verle torear en Madrid. Precisamente en la Monumental de Las Ventas protagonizó una faena que pasará a los anales de la tauromaquia, cortando cuatro orejas y saliendo a hombros. Echar un vistazo al público de la plaza aquella tarde daba la medida de hasta donde llega el ascendente del de Galapagar. Políticos, deportistas, empresarios y hasta el Rey de España no quisieron perderse una corrida que a la postre no defraudó. Sin embargo, el fenómeno de José Tomás dista mucho de ser efímero. Antes al contrario, el matador madrileño ya se había consagrado años atrás, pero una enigmática retirada, seguida de un paréntesis de varios años alejado de los ruedos, dieron si cabe más lustre a su figura.

Hoy en día, la fiesta nacional pasa por un momento interesante. Decir bueno o malo en el mundo del toro equivale a generar polémica con toda seguridad, pocos sitios hay donde más se discuta, y donde las opiniones son capaces de llegar a un encono difícil de encontrar en otros lugares. Interesante, en tanto en cuanto hay una serie de toreros, como Morante de la Puebla, el Cid o el propio Tomás que son precisamente eso, toreros, que no carnaza de prensa rosa. Manejan su vida privada con total discreción, dedicándose en cuerpo y alma a una profesión que no admite distracciones. Los llenos en las tardes que torean están asegurados, y las audiencias televisivas suelen ser importantes. Todo dentro de un marco, el de la fiesta de los toros, con un indudable atractivo fuera de nuestras fronteras. Así quedo demostrado en la acogida que tuvieron esta semana en el Parlamento Europeo los diestros españoles que allá fueron para mostrar a los eurodiputados las bondades de nuestra fiesta nacional. Arte y tradición se dan la mano en el albero. Sobre todo, si torea José Tomás.

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