Adam Mckay reúne a Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt. Por Laura Crespo
LA GRAN APUESTA
Director: Adam McKay
País: Estados Unidos
Guión: Adam McKay, Charles Randolph (Libro: Michael Lewis)
Fotografía: Barry Ackroyd
Música: Nicholas Britell
Reparto: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong.
Sinopsis: Cuando cuatro tipos fuera del sistema descubren que los grandes bancos, los medios de comunicación y el gobierno se niegan a reconocer el colapso de la economía, tienen una idea: "La Gran Apuesta"… pero sus inversiones de riesgo les conducen al lado oscuro de la banca moderna, donde deben poner en duda todo y a todos... Adaptación del libro “La gran apuesta” de Michael Lewis, que reflexiona sobre la quiebra del sector inmobiliario norteamericano que originó la crisis económica mundial en 2008.
Lo mejor: Christian Bale | El ritmo | La historia y la necesidad de conocerla sin llegar nunca a caer en el moralismo o la lección
Lo peor: ¿?
Resulta que
Adam McKay se pone a jugar al cine de mayores y deja a todo el mundo con la boca abierta. Aunque en su trayectoria como director y guionista de comedias siempre ha echado mano de la ironía, de la incorrección y el humor corrosivo, su personalidad irreverente explota en
La gran apuesta, una espectacular adaptación del
libro homónimo de Michael Lewis sobre la historia real de quienes supieron predecir la crisis económica antes de que llamara a las puertas del mundo y se aprovecharon de ella. Una comedia distinta a lo que hasta ahora habíamos visto del realizador estadounidense en la gran pantalla tras la que se esconde un drama mayúsculo:
el de la podredumbre del sistema que sustenta nuestras vidas.
De entrada, desde la realidad a las páginas del libro de Lewis, la historia goza de potencia, interés y actualidad: cuatro tipos peculiares que se percatan del colapso de una economía basada en ‘hipotecas basuras’, asisten perplejos a cómo la banca, las agencias de ‘rating’ y el Gobierno se niegan a reconocer la evidencia y deciden, con más o menos presencia de la ética según el caso, sacar tajada del asunto y apostar contra un sistema, el inmobiliario, que se tomaba por inhundible y, por lo tanto, perfecto para acoger el ego, el individualismo y la avaricia del siglo XXI.
La historia del Titanic 3.0.
McKay hace un pacto con el espectador:
tú pon los cinco sentidos en la pantalla durante los 123 minutos de este metraje que he cuidado hasta la extenuación y, a cambio, te voy a ofrecer una experiencia cinematográfica fascinante y, de regalo, una buena base para la reflexión. Y así es. La gran apuesta requiere atención, hay mucho concepto financiero, mucho diálogo que no se puede dejar escapar. Pero el cineasta logra imprimir a ese mundo, a priori, gris y seco, un dinamismo brutal, amén de un buen puñado de pedagogía gamberra. Dos recursos bien aprovechados le ayudan: fragmentos de tono y estética documental dispuestos con agilidad a lo largo de la cinta y una serie de cameos de personajes famosos (la actriz
Margot Robbie, la cantante
Selena Gómez o el chef
Anthony Bourdain) que ofrecen divertidas e inteligentes lecciones de finanzas para ‘dummies’, en escenas que recuerdan a la esencia del
portal funnyordie.com, creado por McKay, y apelando directamente al espectador. En general, la puesta en escena de la película es una ruptura constante de la cuarta pared, con personajes que hacen acotaciones, bromean o se confiesan con el público, muy al estilo de
El lobo de Wall Street.
Fondo y forma de matrícula, McKay ha logrado, además, reunir a un reparto que está a la altura del reto, un conjunto de actores capaces de inyectar pasión, hilaridad incluso, a un discurso financiero plagado de siglas y conceptos, como defiende la cinta, creados por unos pocos para obligar a muchos a sentirse estúpidos. Como cuando de pequeño creabas un lenguaje secreto para hablar con tus amigos, solo que en este caso el juego es perverso. Al frente de esta historia, cuatro pesos pesados,
Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt, un festín interpretativo que no defrauda. Especial mención merece Bale, el único que no interacciona con prácticamente nadie en toda la cinta. El actor interpreta al
Doctor Michael Burry, un neurólogo con pocas habilidades sociales –probablemente con síndrome de Asperger- metido a gurú económico y gestor de un fondo de inversión que alertó de la burbuja inmobiliaria ya en 2007. Bale es excentricidad y transparencia, y protagoniza algunas de las secuencias más salvajes y desestresantes, Heavy Metal mediante, de la cinta.
Con un ritmo vertiginoso y una dosis importante de humor, cuando termina la cinta la adrenalina está por las nubes, justo antes de hacer un último click, al tiempo que se encienden las luces de la sala, para caer en la realidad terrible que nos rodea.
Recomendable al cien por cien, una de las mejores películas del año.