Gota a Gota / FAES. Madrid, 2015. 175 páginas. 12 €.
Por Alfredo Crespo Alcázar
Miquel Porta Perales nos presenta un libro tan políticamente incorrecto como bien documentado y argumentado. Quien lo lea, no quedará indiferente. Desde el prólogo nos muestra sus intenciones con una afirmación contundente: la izquierda y el progresismo han ido de fracaso en fracaso en su concepción del mundo, de ahí la importancia, casi obligación, de retornar a la realidad.
A partir de esta afirmación general, desentraña y justifica los motivos de su acusación. Para ello, dedica una parte sustancial de su útimo ensayo, La orquesta rosa. Letra y música del pensamiento de izquierdas, a desenmascarar el buenismo, rasgo característico de los años de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que consistía, básicamente, en un discurso insignificante, plagado de tópicos vacuos con los que persiguió establecer un “imperialismo doctrinal”.
Al respecto, Porta Perales sintetiza de este modo la etapa histórica comprendida entre 2004-2011: “José Luis Rodríguez Zapatero quebrantó los pilares del Estado -desbarató consensos básicos, reabrió heridas de la Guerra Civil, estigmatizó al centro derecha, recuperó el anticlericalismo del siglo XIX, reavivó objetivamente a las fuerzas políticas que reivindican la desintegración del Estado, gestionó imprudentemente la crisis económica propiciando una crisis económica, política, social, legal e institucional nada fácil de subsanar”(pág. 14).
Con el buenismo como herramienta principal, la izquierda y su entorno “progre” propulsaron una ideología o, mejor decir, un dogmatismo que transformó en enemigo al adversario, ya que el binomio progresismo-buenismo no tolera la discrepancia (pág. 63). Dicho con otras palabras: la izquierda se arrogó una superioridad moral a base de otorgar derechos “a todo el que los solicitara” y negar deberes y responsabilidades, promocionando un buen número de mantras.
El resultado por todos es conocido y, por ejemplo, cuando de la cuestión territorial se trataba, a quienes defendían la jerarquía de la Constitución, se les etiquetó de “separadores”, equiparando sin rubor “pulsiones neocentralistas” con la “ruptura nacionalista” (pág. 163). Consecuentemente, durante el periodo 2004-2011 para amplios sectores socialistas, la derecha (es decir, el PP) no integraba, sino que dividía.
La Alianza de Civilizaciones o la Educación para la Ciudadanía fueron dos instrumentos fundamentales para la progresía durante el zapaterismo. En efecto, la primera bebió en las fuentes del antiamericanismo característico de parte de la izquierda española y tuvo su fiel reflejo en la justificación permanente de Obama y en el rechazo de George W. Bush. Mientras tanto, la segunda le permitía el adoctrinamiento, negar el mérito y rechazar, por obsoleta, la autoridad del profesor en el aula.
Tampoco emite Porta Perales un veredicto favorable del PSOE cuando analiza cómo ha encarado la cuestión nacional. Así, nos describe que, según el momento histórico, ha defendido el confederalismo, el derecho de autodeterminación de los pueblos, el apoyo al sistema autonómico derivado de la Constitución de 1978 y, finalmente, una suerte de evolución de éste último, el federalismo que en los últimos años ha adquirido la condición de bálsamo de Fierabrás a la hora de responder al desafío independentista lanzado por el nacionalismo catalán.
Para llegar a estas conclusiones contundentes, Porta Perales ha buceado en la bibliografía y en los autores que han difundido el pensamiento “progre”. Al respecto, tras exponernos las ideas de aquéllos, las rebate ofreciendo no sólo datos sino también necesarias propuestas de actuación en sentido contrario ya que frente al buenismo defiende el contra-buenismo: “El progresismo tiene un problema: no entiende que en un régimen democrático la culpa de la violencia es del violento y que el orden es un bien en sí que debemos preservar”(pág. 86).