Lunes 25 de enero de 2016
El chavismo digiere muy mal su abultada derrota electoral. De los 167 escaños que tiene la Asamblea Nacional, 112 están en manos de la oposición, reflejo de la voluntad de cambio del pueblo venezolano. Sin embargo, el oficialismo no está dispuesto a renunciar a su ideología totalitaria, y por ello ha reactivado a las “asambleas populares”, una suerte de soviets que el número dos del régimen, Diosdado Cabello, pretende ahora que funcionen como un poder al margen de la cámara.
De hecho, el propio Cabello reiteraba ayer mismo que el parlamento venezolano debe estar supeditado a lo que decidan estas asambleas, “depositarias del poder soberano del pueblo”. Y su primera decisión ha sido refrendar el decreto de emergencia económica por el que Maduro pretendía asumir poderes de dictator de facto, frente a la decisión de suprimirlo por parte de la Asamblea Nacional.
Venezuela vive momentos muy convulsos. A la carencia total de bienes de primera necesidad y a la tremenda inseguridad ciudadana que vive el país -Caracas es hoy la ciudad más peligrosa del mundo- se unen ahora los intentos de Maduro de cercenar el poder a una Asamblea elegida democráticamente. Lo peor es que este tipo de asambleas ciudadanas están controladas por los círculos chavistas, compuestos por matones armados que actúan al servicio del régimen con total impunidad. Dicho sea de paso, gracias en buena medida a la “asesoría” de Podemos.
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