Opinión

Conocer y comprender a Podemos

TRIBUNA

Alejandro San Francisco | Martes 26 de enero de 2016

En el marco del proceso para formar gobierno en España, el líder de Podemos Pablo Iglesias ha hecho una jugada magistral. Tras su visita al Rey Felipe anunció su voluntad para asumir como Vicepresidente en un gobierno del cambio que debía dirigir el socialista Pedro Sánchez, y que incorpora también a Alberto Garzón, el líder de la Izquierda Unida. Con ello, en un ambiente marcado por la novedad e incertidumbre, Iglesias toma la delantera, pone las bases de la discusión y procura destrabar la situación.

Por supuesto que se puede apoyar o discrepar de la agrupación de Iglesias. Se le puede criticar, como de hecho se hace en ocasiones, su extremismo en algunos temas y su indefinición en otros, el apoyo a la dictadura chavista en Venezuela o su ambigüedad en el tema de la unidad de España y su relación con el separatismo. Se puede compartir o distanciarse de su estilo, mediático, agresivo, participativo y rebelde.

Lo que no puede ser, porque no corresponde y muestra una ceguera inconducente, es que no se haga un esfuerzo importante para conocer y comprender a Podemos. No puede ser que la descalificación fácil hacia el populismo de Iglesias o las dificultades que habría en la gobernabilidad si llegan a dirigir España, conduzcan a que la crítica fácil y la caricatura reemplacen a un análisis político más de fondo, que es un requisito sine qua non de cualquier aproximación seria a la política en los tiempos complejos que se viven.

Esto tiene una relevancia todavía mayor, considerando que el propio Pablo Iglesias en los últimos años ha tenido una gran presencia en diversos medios de comunicación, que le han permitido explicitar sus ideas y posiciones con gran transparencia. Asimismo, es de los pocos líderes políticos activos que tiene la costumbre de poner por escrito, en artículos de prensa y en libros, las bases de su pensamiento y de acción pública. Así lo demuestran sus obras Maquiavelo frente a la gran pantalla. Cine y política (2013), Disputar la democracia. Política en tiempos de crisis (2014) y Una nueva transición. Materiales del año del cambio (2015), todos publicados por Akal.

¿Cómo se puede analizar la figura de Iglesias y de Podemos? Aquí van algunas claves que podrían ser de utilidad, en un tema que ciertamente requiere más análisis serio y menos retórica vacía, más comprensión política y menos descalificación que no honra al arte de gobernar.

En primer lugar, me parece que Podemos es una propuesta política que ha entrado a disputar la comprensión del pasado, la conquista del poder en el presente y la definición del futuro de España. No se trata simplemente de un partido en busca de escaños parlamentarios, sino que hay una posición sobre la guerra civil (analizada incluso en clave cinematográfica) y una crítica sostenida a un modelo de transición considerado mayoritariamente exitoso, frente al cual Iglesias prefiere destacar sus errores y limitaciones, dejando en una posición complicada a las fuerzas políticas que dieron vida a esa historia. Por ende, la lucha actual por el gobierno no es para hacer una simple administración, sino que para promover cambios relevantes, para transformar las instituciones, para hacer política de izquierdas en una sociedad que parece haberla olvidado en las fórmulas más radicales que tuvo en el siglo XX.

Ahí está el segundo tema. Iglesias ingresa a la política desde la matriz ideológica de la izquierda del siglo XX, pero en clave del siglo XXI. Quizá por eso rehúya ubicarse "más a la izquierda de todos" y privilegia autoconsiderarse como una agrupación defensora de la democracia. Por eso parte reconociendo, con una cita a Perry Anderson, que "el único punto de partida concebible hoy para una izquierda realista consiste en tomar conciencia de la derrota histórica". Con esto evita compartir la administración del gobierno y la economía propia de las corrientes liberales triunfantes (neoliberal, las llama, en la fórmula tradicional de las izquierdas), sino para revertir el proceso desde sus propias ideas que, reconoce, tiene raíces en Marx y muestra expresiones en figuras como Gramsci y una amplia gama de líderes y pensadores en la línea.

Hay un tercer tema relevante sobre el análisis que hace Pablo Iglesias acerca del presente español. No habla de un problema puntual, de una crisis económica que deba ser superada con determinadas medidas, o de ciertos ajustes en la forma de actuar de los partidos. Derechamente se refiere a una "crisis orgánica", en cuanto "pérdida de hegemonía de la elites" (así lo señala en un artículo publicado en New Left Review 95, mayo-junio de 2015, pero también comentado en otras partes). A ellas las denomina, irónica y despectivamente, "la casta", en una fórmula que ha ido penetrando socialmente, horadando todavía más el prestigio de las instituciones. Por lo mismo, Podemos no confía en un gobierno del Partido Popular, pero tampoco en uno del Partido Socialista Obrero Español, a quienes responsabiliza de la actual política en España. Todo esto no es contradictorio con querer integrar gobierno con el PSOE, sencillamente porque el nuevo gobierno del partido de Felipe González y Rodríguez Zapatero no sería un gobierno exclusivo, sino que integraría a los únicos capaces de liderar el cambio a juicio de Podemos: ellos mismos.

De esta manera, se pondría fin a los gobiernos dominados "en exclusiva por las viejas maquinarias partidistas que se han repartido el poder durante las últimas décadas", como señala Iglesias en su artículo "El gobierno del cambio", publicado en El País, 25 de enero de 2016. Frente al "inmovilismo pactado", como denomina a los gobiernos populares y socialistas, ofrece llegar a una coalición de izquierdas, donde la presencia de Podemos sería la mejor garantía para que el PSOE no vuelva a defraudar. La declaración está lejos de ser amable o comprensiva, pero está en la estricta lógica del poder en la que sabe desenvolverse la nueva agrupación que parece tener más experiencia política que sus contradictores en España. Cualquier intento de derrotar intelectual y políticamente a Podemos requiere de un esfuerzo mayor de entender dicho proyecto y de ganar en el terreno de las reglas del juego, la disputa por los contenidos y el sentido del debate.

No es habitual -como sí lo hacen Iglesias y Podemos- jugar al ataque en política, menos en las sociedades democráticas donde parece dominar el compromiso, la estabilidad, incluso el temor. Pero los tiempos han cambiado, y ya no sólo no se puede ningunear a Podemos, sino que se lo debe mirar con atención, estudiar con inteligencia y comprender con sentido histórico. Todo lo demás es una torpeza, cuando no un suicidio político.

TEMAS RELACIONADOS: