Opinión

Entre brutos e ilustrados

TRIBUNA

Agapito Maestre | Miércoles 27 de enero de 2016

Cuando tengo ganas de reírme un rato, leo a los columnistas de El País. Procuro leer a los que pasan por más “cultos” e ilustrados, aunque rara vez son ocurrentes. No descubren nada nuevo. No son graciosos. No son irónicos. Pero me hacen reír sus repetidos tópicos. Sus lugares comunes son de libro. Son tan políticamente correctos, como dirían los sajones, que a veces provocan las carcajadas. Algunos, de natural obtusos, envuelven sus simplezas con papel de estraza y otros, más leídos, buscan envoltorios de cierta originalidad, pero, en general, todos son previsibles. No hay audacia, por lo tanto, sus textos quedan en nada. Vacíos. Repiten, pues, los mismos tópicos que vierten en sus página el resto de la prensa española.

Ayer, sin ir más lejos, uno de estos simpáticos intelectuales decía, comparando la barbarie germánica con la española, terrible comparación dicho sea de paso, que los españoles somos aún peores que los dirigidos por Hitler y Merkel. Los españoles somos unos pobres salvajes, incultos y criminales, que “nos dejamos arrastrar”, no podía faltar el burdo guiño anticlerical, “por cualquier curilla”, concluía el columnista de El País su entrega. Quizá no le falte algo de razón a Azúa, sobre todo, si nos miramos a nosotros mismos, pero, por favor, comparados con los alemanes, los españoles somos seres humanos normales, incluso los cultos, los “ilustrados” españoles como el propio columnista, son gentes sencillas y apacibles. Razonables. Nuestras brutalidades no pasan de comparaciones odiosas.

Busquen, amigos, una diferencia esencial entre la brutalidad alemana y la española y verán que pronto hallarán la clave de la estulticia del columnista. Busquen en el pasado reciente de España un acto de singular y toparán de inmediato con nuestra bárbara Guerra Civil. Nos matamos como bestias. Los españoles se mataron, sí, entre ellos. Miren ahora, por favor, a la culta Alemania; reparen, por favor, que hacían los alemanes en la Segunda Guerra Mundial: mataban a todos los que no eran alemanes, pero entre ellos no se mataban. No es pequeña la diferencia entre unos brutos y otros. No es lo mismo matarse entre hermanos, entre españoles, que matar a quien no es alemán.

La singularidad del crimen alemán, nazi, si quieren ustedes, no puede compararse con la brutalidad hispánica so pena de confundir la gimnasia con la magnesia. Exactamente es lo que hace el articulista de El País. Quizá para evitar esa confusión, además de releer a Steiner, a este ilustre gracioso no le vendría mal leer el texto de Adorno: “¿Qué significa pensar después de Auschwitz?” Es una manera de curar los complejos de inferioridad de los profesorcitos españoles respecto a los alemanes. ¡Vida!

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