No hace mucho, la entrevista del diario El País a Felipe González publicada ayer habría supuesto un auténtico cataclismo. Sin embargo, ahora tanto Pedro Sánchez como los principales dirigentes del PSOE están a otra cosa. De hecho, está por ver que alguien sea capaz de hacer suyas las tesis de Felipe en el comité federal del próximo sábado.
González aboga por que PP y PSOE no se obstruyan mutuamente, apela al “interés nacional” y alerta del “liquidacionismo” de Podemos. Viene a decir -con toda razón- que es más peligrosa la formación de Pablo Iglesias que la de Mariano Rajoy, algo que a buen seguro no habrá gustado a Pedro Sánchez. De hecho, da la impresión de que el veterano secretario general de los socialistas trata de aleccionar al nuevo sobre los riesgos de dejarse fagocitar.
Pero el ascendiente de Felipe no es el que era. Lo conserva aún en un nutrido sector de la militancia, que no del electorado, siendo casi residual entre unos jóvenes mucho más cerca de Podemos que del PSOE. Con todo, sus declaraciones tienen mucho valor. Rezuman sentido de estado y una experiencia nada desdeñable a la hora de construir futuros acuerdos. Es llamativa, por cierto, la tremenda expectación que genera siempre Felipe en detrimento de un Zapatero que a día de hoy se antojaría irrelevante de no ser porque él es responsable -concesiones al nacionalismo, laminación del PSOE, desastrosa gestión de la crisis- de buena parte de la situación actual.