Editorial

Iowa cierra el paso a los extremos

Miércoles 03 de febrero de 2016
Ha comenzado el largo camino de los candidatos demócratas y republicanos a la Casa Blanca. El primer día de febrero se han celebrado las primarias de Iowa, a las que seguirán un recorrido por todo el país en busca del apoyo popular. La democracia de los Estados Unidos es a la vez antigua, estable y eficaz, sin por ello dejar de ser flexible, pues ha ido cambiando con el tiempo. Y sigue siendo un ejemplo para todas las demás. Las primarias no sólo otorgan poder a los votantes, sino que también suponen un exámen a los candidatos, que tendrán que demostrar su capacidad política antes de sentarse en el Despacho Oval.

Los resultados de Iowa son asimismo aleccionadores. Donald Trump lleva liderando las encuestas desde mediados de julio, y no hay inconveniencia o barrabasada que dijese que le hiciera caer en la opinión pulsada por las empresas demoscópicas. Pero a la hora del primer voto, esas expectativas no se han cumplido, y ha sido superado por el senador Ted Cruz. Es más, el también senador Marco Rubio ha estado muy cerca de superarle. Ambos candidatos son buena muestra del acercamiento del Partido Republicano al voto hispano, y del poder que tiene éste en la política estadounidense. Los dos, Cruz y Rubio, son candidatos conservadores, en el sentido que se le da allí al término, y los tres están lejos del stablishment republicano, que es el gran derrotado en esta primera elección.

Por el lado demócrata, la incontestable primacía de Hillary Clinton ha sido puesta en duda por Bernie Sanders. No deja de ser significativo que en 2008 ganase el candidato con menos experiencia, y que tras ocho años de la Administración Obama, con más fracasos que éxitos, se disputen la candidatura dos políticos con experiencia. Con todo, Sanders la combina con un cierto radicalismo ideológico que le hace mucho más atractivo entre los jóvenes.

De hecho, si algo se puede extraerse del inicio de las primarias es que el temor de que el radicalismo triunfase en la política de aquél país parece haberse atenuado. Ni Trump ni Sanders están muertos como candidatos y, antes al contrario, han demostrado su capacidad para concitar el apoyo de las bases de sus partidos. Pero, por el momento, no parece suficiente para saltar más adelante a la arena en que se juega la presidencia, en la que hay que cautivar a parte del electorado rival y, especialmente, a los independientes.

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