Pedro Sánchez está haciendo en estos momentos lo mismo que Mariano Rajoy intentó antes. Es mentira que el presidente en funciones no quisiera hablar, lo que sucede es que lo intentó y nadie –quizá se salve Ciudadanos– le apoyó. En el PSOE quieren ahora que el PP se abstenga en la investidura de su líder. Es decir, primero te ignoro y te desprecio y ahora te pido tu apoyo. ¿Usted qué haría?
Ahora pide Sánchez a los partidos “dejar atrás los vetos” y mirar lo que les une. La pregunta es obvia: ¿por qué no lo hizo usted antes? Claro, el PP ya le ha contestado que no cuente con ellos y que la mera proposición es “una falta de respeto”. Por su parte, Ciudadanos no quiere a Podemos en ningún Gobierno y los de Pablo Iglesias no quieren a los de Albert Rivera para lo mismo... ¡Mal sigue el ojo de la yegua!
La verdad es que muy pocos se imaginaban que fuera a resultar tan difícil formar Gobierno. Hemos pasado mucho tiempo deseando, pidiendo y escribiendo sobre el fin del bipartidismo y sucede que España ha demostrado que no sabe, que no está preparada para poner de acuerdo a más de dos formaciones políticas.
Mientras, en Cataluña aprovechan la coyuntura y el vacío de poder, por lo menos el moral, para aprobar las leyes de desconexión de España y Sánchez sigue contemplando la posibilidad de pactar con los que abogan por el derecho de autodeterminación. Dicho de otra forma, el secretario general del PSOE quiere gobernar el país con unos socios que quieren romperlo.
Pero Sánchez está encantado. Se le ve contento, por no decir eufórico, recorriendo un “camino apasionante” en un momento que considera “histórico”. Tiene razón. Nunca antes la segunda fuerza, el partido que peores resultados había obtenido en su historia, había mostrado un interés tan desesperado por formar Gobierno. En eso anda. Su compañera de partido Susana Díaz ya ha dicho también que la situación es difícil y complicada.
Puede que sea estrategia pura y dura, pero vemos a Podemos tomarse a cachondeo el papel de Pedro Sánchez, al que critican que se esté comportando ya como un jefe de Estado. La cosa es que la inestabilidad política empieza a pasar factura a la economía española. Cuando afecte de verdad al bolsillo del ciudadano, alguno empezará a tomarse en serio este desgobierno.
Y digo yo: ¿Hasta qué punto alguien que se ha esforzado por dejar muy claro su “no, no y no” al PP puede ahora exigir un “sí” o un “me abstengo”? ¿O es que Sánchez habría dicho “sí” a Rajoy si se hubiera presentado como candidato a la investidura? ¿Se nos helará la sangre con los pactos?
Mal se lo pusieron a Rajoy, pero tampoco hizo nada. Mal se le presenta a Sánchez, que al menos lo intenta. Vistas todas las opciones y, aunque el CIS desvela que la repetición de elecciones tampoco variaría mucho el resultado del 20D, ¿siguen los partidos en campaña electoral?
Los caminos para llegar al poder son inescrutables y “por tocar pelo” habrá quien esté dispuesto a vender su alma al diablo. Seremos todos testigos de muchos “donde dije digo, digo Diego” y veremos cómo se diluyen promesas grabadas días antes a sangre y fuego en forma de líneas rojas. Es política.