Opinión

¡Váyase, señor Rajoy!

POCO A POCO

Borja M. Herraiz | Lunes 08 de febrero de 2016

Empecinado Mariano Rajoy como está en ser la primera y única opción del Partido Popular para gobernar España durante la próxima legislatura, el presidente en funciones sigue sin caer en la cuenta, o si lo hace es de echarse las manos a la cabeza, el flaco favor que se está haciendo a sí mismo, a su partido y, por último y más importante, al conjunto del país.

Rajoy debe dejar el camino expedito ahora que todavía el resto de fuerzas siguen sin conformar un acuerdo satisfactorio, que aún hay margen para la responsabilidad democrática y el sentido de Estado, que es lo mismo que decir a la cordura. Debe ser permeable al sentir general, ese que ve en él un busto de pasillo más que un capitán al mando. Su tiempo ha pasado y su gestión, cuestionable desde muchos puntos de vista, digna de reconocimiento en otros, se ha visto todavía más perjudicada por el desastroso manejo de las vergüenzas corruptas de su propio partido y que han mermado su credibilidad.

Es muy posible, y así lo creo firmemente, que no se le pueda relacionar directa o indirectamente con ninguna trama y sus manos estén perfectamente limpias, pero el no haber asumido responsabilidades como líder y el haber mirado hacia otro lado antes, durante y ahora que parece que amaina la tormenta ha sido el último clavo de la Parca en su ataúd político.

No es hora de enrocarse en gobernar al coste que sea. En juego el futuro y la proyección de nuestro país. Ya no toca, porque no cuela de tan hipócrita que resulta, llamar al diálogo y a la mesa de negociación cuando durante una legislatura entera has despreciado este mismo arte y has gobernado a decretazo limpio menospreciando esa divergencia ideológica que ahora cimentara los puentes que tiendes. No puede sorprenderse, señor Rajoy, cuando no se le quiere ni en su propia casa, donde las voces discrepantes reptan silenciosas por debajo del miedo a la disensión.

Son nuevos tiempos en política que requieren nuevas formas y nuevos rostros. Tabula rasa, por favor. Rajoy, de materia gris envidiable pero anacrónica hasta el dolor, no ha sabido gestionar bien los tiempos ni las emociones, dos ingredientes básicos en la política contemporánea. Sólo unos pocos apuestan a su caballo, más por inercia y borracha lealtad que por sentido común, y los que personalizan su alternativa aguardan en fila mientras otros urden planes para hipotecar España hasta el día del juicio final.

Patriota comprometido como siempre ha demostrado ser -a veces de la manera más errática-, Rajoy debe tomar conciencia de que su legado ya está escrito y es hora de pasar el testigo a otra figura con mayor impulso.

¡Váyase, señor Rajoy! Por su bien, por el mío, por el de todos. Sea una Sáenz de Santamaría o sea un Núñez Feijóo, eso ya es cuestión de preferencias y guerras intestinas, toca insuflar aire nuevo a un Partido Popular, la fuerza más votada en España con mucho que si de verdad quiere priorizar las necesidades del país debe sacrificar su pieza más prominente, que no la más valiosa. ¡Váyase!

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