Editorial

Formación de un gobierno en España: sobran dos

Viernes 12 de febrero de 2016
Es de suponer que los políticos españoles que, como todos los de esa condición, no piensan más que en el poder, a estas alturas, serán conscientes de que una mayoría considerable de la ciudadanía está harta del teatro de despropósitos que los partidos están escenificando.

Casi todos somos conscientes que el señor Sánchez entre su casa y la Moncloa, está dispuesto a lo que sea con tal de que no se le escape ese último destino. Dispuesto a tragar con lo que le impongan sus enemigos (el PP son sus rivales) de Podemos lanzados a “pasokizarle” como sea. La idea que últimamente circula entre los socialistas que huelen pesebre de que es mejor tener a la zorra vigilada en el gallinero que suelta y descontrolada a sus puertas, es conmovedora. Es una película que ya hemos visto y que tuvo un final trágico: se le ocurrió a Von Papen y a los nacionalistas alemanes en 1933, cuando aconsejaron al Presidente Hindenburg llamar a Hitler a la Cancillería. Ese tipo de partidos peronistas-leninistas (al fín, Ernesto Laclau ha sido su maitre à penser, lo mismo que lo fue del matrimonio Kichner y del chavismo) tienen claro su objetivo estratégico autoritario, cuando no totalitario, y no lo ocultan: lo tienen escrito a quien quiera leerles. Corremos muchos riesgos con el eclipse o la desaparición del PSOE en la jugada personal de Pedro Sánchez.

El PP de Rajoy, corroído por continuos casos de corrupción, ha tenido también su ocurrencia: que tiene que gobernar el partido más votado, llueva o truene. Pero no es así: en un sistema parlamentario, gobierna quien es capaz de formar una mayoría parlamentaria. Dejar que gobierne una fórmula PSOE-Ciudadanos, dejaría al Partido Popular en una situación muy confortable, con una buena imagen pública al haber propiciado una solución moderada y evitado radicalismos muy minoritarios y dejaría, además, al PP con la llave electoral. El problema es que el señor Rajoy quiere repetir, caiga quien caiga, incluido el país. Lamentable.

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