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Los contratos secretos de los futbolistas, al descubierto

FOOTBALL LEAKS

Diego García | Sábado 13 de febrero de 2016
El exponencial crecimiento de la influencia del grupo activista que gestiona Football Leaks -web que publica los contratos de futbolistas y acuerdos de los clubes con fondos de inversión- ha activado la respuesta de instituciones como el Real Madrid y corporaciones de renombre como Gestifute o Doyen Sports, principales objetivos de las filtraciones. La guerra entre víctimas y victimarios -que se cobró la cabeza del presidente de un equipo holandés- dispone ya a la Fiscalía portuguesa y Scotland Yard sobre la estela del presunto comando de hackers que tomaría el fútbol como marco delincuencial. Por Diego García



Jorge Sampaoli, entrenador argentino recién despedido de su encargo más lustroso y arquitecto de la consecución de la primera Copa América de la historia chilena durante el pasado verano, refrescó la acuñación y acepción del término “amateurismo” como bandera de su apasionada filosofía. El exitoso concepto, según lo aplicó el sucesor de Marcelo Bielsa al frente de la Roja, vendría a subrayar la relevancia de la percepción apasionada, inocente, relativa a la diversión más enraizada en la integridad natural del partido de barrio o potrero, de este mercantilizado fútbol presente. Bajo la suerte de regresión mental implementada en la preparación psicológica de estrellas que gobiernan en el profesionalizado viejo continente como Alexis Sánchez o Arturo Vidal, el seleccionado que arrodillar a Messi y compañía en la final del entorchado americano (tanda de penaltis) vio propulsado su rendimiento colectivo e individual al mutar la exigencia y presión en la satisfacción y motivación inherentes a compartir la ligazón, casi fraternal, con la tierra, con la identidad familiar. Así, el Niño Maravilla relativizó la tormenta de escaramuzas que le rondaron en cada finta a lo largo y ancho del torneo, como si saliera a flote en la batalla del patio de su colegio -donde no cabe protesta airada al ausente colegiado-, para afrontar la empresa de altura que, finalmente, convirtió en hito legendario para su nación. Este renacimiento coyuntural de los valores intrínsecos del balompié desprovisto del actual envoltorio comercial representó el penúltimo chispazo del frente crítico con las lógicas del fútbol moderno, ese que aleja al aficionado de base por el pliegue de lógica empresarial que han asumido los clubes y, por extensión, el deporte mismo. Y, como se apunta, la llamarada ganadora de Sampaoli resulta la penúltima escenificación tangible de queja, porque la última se denomina Football Leaks.

“Somos muy aficionados al fútbol y nuestra gran prioridad es ayudar a que los otros aficionados entiendan mejor el negocio secreto de este deporte. Las cláusulas, los contratos o las comisiones de los consultores se han convertido en temas tabú en el fútbol. Se necesita un debate público sobre esta actividad con el fin de aclarar todo este secretismo porque un negocio que carece de transparencia en el modo en el que el fútbol lo hace es un paraíso para la corrupción, el lavado de dinero y el fraude fiscal”. De esta manera definió el leitmotiv de la organización uno de los portavoces anónimos que ha prestado declaración, hace días y para Der Spiegel, en una de las múltiples entrevistas concedidas a medios de comunicación de todo el globo, tan curiosos y desconcertados ante la influencia asumida por el grupúsculo como los sujetos pasivos que sufren las abrasivas publicaciones. En efecto, la críptica estructura que ha generado la notable marejada de incertidumbre que desestabiliza el temple de las altas esferas del balompié internacional ha perfilado de especificidad pragmática la proclama con la que se presentó a los focos del gran escenario. La plataforma que se gestó durante el primer trimestre de 2014 bajo el paraguas plomizo de los servidores rusos y sobre la proclama, ciertamente presuntuosa, de desempolvar la “parte oculta del fútbol”, ha cumplido su palabra casi con literalidad, hecho que ha provocado la cosecha de imponentes enemigos. “Infelizmente, el deporte que tanto amamos está podrido y es hora de decir basta. Fondos, comisiones y negociaciones…todo sirve para enriquecer a ciertos parásitos que se aprovechan del balompié, robando tanto a clubes como a jugadores”, rezaba el mensaje con el que la formación activista alzó el telón de su polémica actividad en la red, esbozando la silueta de sus objetivos.

Abrió fuego desnudando su principal caladero de documentos confidenciales y presunta cuna: Portugal. La revelación inaugural arrojó luz sobre el chocante fichaje del entrenador luso Jorge Jesús por el Sporting de Lisboa, proveniente del Benfica, enemigo íntimo y campeón de Liga. El sonado aperitivo desentrañó la línea argumental de tan sorprendente cambio de camiseta aportando los originales del acuerdo. De los documentos aireados se deduce que el preparador firmó un contrato de 5 millones de euros anuales que se veía aliñado por variables, anacrónicas en la nación vecina, hasta redondear el estipendio autografiado en una sonrojante cifra que representaba el 20% del presupuesto total de la institución de Alvalade. Desde aquel prólogo hasta el estado de alarma con el que algunos de los ilustres afectados digieren el devenir de la actualidad, Football Leaks ha dibujado un recorrido que ha señalado con precisión esclarecedora a sus damnificados predilectos, en una inercia de trascendencia exponencial que le ha pegado a su sombra a la Fiscalía portuguesa y a Scotland Yard, al tiempo que ha sembrado un misticismo romántico que parecería dividir a la opinión pública sobre el rol heroico o cainita de su labor. Doyen Sports, la delegación deportiva del faraónico fondo de inversión Doyen Group y la referencial agencia de representación fundada y liderada por Jorge Mendes emergen como actores principales en la trama que este departamento reflejo de WikiLeaks afirma estar dispuesto a desenmarañar a través de los ojos de la transparencia forzada por la divulgación de escritos oficiales.


Los fondos que trabajan en Portugal y América parecen ser una solución rentable, pero, en realidad, todos los clubes acaban con el agua al cuello. Son un virus que, si no se elimina a tiempo, no tendrá cura. Hacen injerencias y presiones ilegítimas a los equipos”, denunció el belicista sitio web después de plasmar una de sus cimas alcanzadas. Aconteció en Holanda, donde la filtración de los papeles recopilados señalaban que Doyen Sports -creada para la financiación de la compra y venta de futbolistas- se aseguró el derecho a condicionar la política de fichajes del Twente a cambio de una inversión de cinco millones en el club. Este acuerdo, prohibido por la federación que gestiona el campeonato del país centroeuropeo y que obligaba a la venta de cinco futbolistas, forzó la dimisión del presidente de la entidad, Aldo van der Laan, en un fiel testimonio de las consecuencias reales que entraña esta efervescente directriz. La KNVB (federación holandesa) concluyó, después de realizar una investigación exhaustiva, que el pacto “afectaba realmente a la política de fichajes” y terminó por sancionar al equipo con la prohibición de participación en competiciones continentales durante tres años.

Esta vertiente, la deportiva, conforma el mayor colchón de legitimidad de la organización, debido a que los clubes puestos en sonrojo rara vez exponen un rebate contundente a las publicaciones, cuando sólo se limitan a recalcar que el contenido explicitado por terceros obedece al régimen privado, aunque la reacción, aleccionada con el transcurrir de los meses de penalidad, está tendiendo a la responsabilidad de los departamentos jurídicos de confianza. No en vano, las artimañas que confluyen en la puesta en escena de la letra pequeña de las transacciones futbolísticas podrían significar robo de documentación, falsedad, atentado contra la protección de datos, revelación de información confidencial y perjuicio al honor y a la imagen de personas y entidades. En este punto, el del cauce por el que arriban los textos al poder de Football Leaks, todavía por dilucidar, cobra bagaje la acusación que les viste como un comando de hackers experto en la ejecución de delincuencia tecnológica. Al frente de esta hipótesis, y en oposición proactiva a la pasividad de los equipos, Doyen Sports, a quien aflige este relato desde la otra arista de influencia, el nada desdeñable prisma financiero, se ha apresurado por contraatacar relacionando el modus operandi de su particular némesis con el de los delincuentes digitales. Neilo Lucas, el consejero delegado de la corporación, susurró la recepción de una cadena de correos electrónicos en los que se le instaba, extorsión mediante, a ingresar una elevada suma a su escondido interlocutor con el fin de que los secretos ocultados a las portadas de la prensa permanecieran en la nebulosa del olvido. Según apunta la declaración, la negativa al acceso del chantaje planteado y posterior denuncia a las autoridades policiales supuso el inicio de la difusión de los acuerdos de incómoda asimilación pública. Asimismo, la multinacional ha confesado sufrir “ataques informáticos”, alimentando la hipótesis sostenida por los investigadores que permanecen en persecución del rastro de los afamados delatores, que, por el contrario, afirman acoger los documentos a través de la multiplicidad de avezados informadores que les contactan en su dirección electrónica.

Siguiendo la fugaz estela del portal ruso, y de regreso a la arista menos tenebrosa, se encuentra, por ejemplo, la particular cláusula con que Boca Juniors negó a Carlos Tévez el acceso a casinos o la participación en peleas en su desembarco de vuelta a Buenos Aires, antes de cruzar la frontera de la verdad publicada. En este apartado surge como víctima la precisión del discurso del Real Madrid. El precio real de la adquisición de Gareth Bale -100.759.417 euros, en lugar de los 91 millones que sostuvo la entidad de Chamartín-, la prima que percibiría David De Gea de haber conectado la comunicación vía fax a tiempo entre las islas británicas y el continente -10,9 millones en una rúbrica que definiría un salario anual de 11,8 millones brutos hasta 2021- y el sueldo real de Toni Kroos –tercer mejor pagado del vestuario con 10,9 millones al año y la disputa de un amistoso este verano en Baviera como condimento- denotan los agujeros de la trastienda que no afloran hacia la superficie.



La percepción de que la amenaza continuada de filtración salte de los renglones estrictamente deportivos para abordar significaciones más comprometidas ha activado el cierre de filas en Concha Espina. De momento no ha brotado un incendio tan relevante como para erosionar los cimientos de la estructura de mando merengue, pero la afanosa web activista presume de atesorar más de 500 gigabytes en su fortaleza digital, por lo que el horizonte no se atisba del todo despejado. Como tampoco aparenta inmaculado para Barcelona o Atlético de Madrid. Los primeros, expuestos en la paradigmática figura de Neymar y el troceo, en forma de collage de participantes, de su fichaje y explotación de los derechos publicitarios -con ejemplares de la firma con la creadora de videojuegos Konami o Pokerstars-; los segundos, comprometidos por el continente y contenido de las cifras emitidas relacionadas con el fichaje de Falcao -el portal asegura que el equipo colchonero sólo abonó 18 de los cerca de 40 millones que costó el traspaso y que Doyen proveyó el 55% de la operación de la entidad del Manzanares y que, por otra parte, el Mónaco pagó sólo 43 millones de los 60 publicitados por ambos clubes, dibujando una oquedad financiera respetable-, se han descubierto sorprendidos por la rapidez de actuación del vocero futbolístico, que ha revelado que Jackson Martínez se ha embolsado el 5% de su rocambolesco billete a China, es decir, un pellizco de los 45 millones del montante que quizá uniformen de mayor amabilidad el exilio asiático.

Precisamente éste último episodio ha reafirmado la consternación en el cuartel general de Gestifute, la asediada industria edificada por Jorge Mendes. El hecho de que un buen puñado de los escándalos patrocinados por la filtración de contratos afecte a sus representados ha alimentado la fiscalización interna y externa acometida por el agente de Cristiano Ronaldo, Jose Mourinho, James Rodríguez o el propio De Gea. La vehemente respuesta ha adoptado una profundidad que parece haber contaminado de preocupación a los propios victimarios. En los últimos días, uno de los portavoces de Football Leaks ha manifestado que el representante luso habría contratado a profesionales del espionaje industrial, “detectives privados”, para taponar las grietas de su fortaleza y detectar la identidad de los azotes de su calma. Porque el temor a posteriores refriegas y goteras, compartido por su homólogo en la atribución de mártir, Doyen Sports, y por colosos o equipos de menor pedigree, todos ellos pertenecientes a la Península Ibérica, no esboza más figuración que el camino del proceso judicial análogo al sobrellevado por el baile de cifras y consiguiente desatención fiscal que pasea a Sandro Rosell por los temidos tribunales que traducen el juicio público en inhabilitación social y profesional. O bien, en un escenario aprehendido como tétrico, la huída del alimento proporcionado por los inversores como inherente propiedad del desasosiego que sobreviene por la intimidatoria exposición transparente de los acuerdos.

Nombres de futbolistas con solera como Hulk, Martial, Garay, Mangala o Imbula han aderezado la progresión del hermético grupo en el preludio de la actual guerra desatada entre aquellos que lucen piel escurridiza para exponer documentos privados como bandera de la libertad informativa y los profesionales que han tejido la red que retroalimenta al deporte rey en Europa. El caso es que, en pleno cuerpeo entre contendientes -en el que el intercambio de la auto-atribución de “perseguidos” se antoja constante-, no sobrevive límpida la reputación de un deporte muy maltratado por su esfera económica en los últimos tiempos. La deflagración corrupta, con la FIFA como enseña protagónica, provocó el nacimiento de un movimiento que amenaza al establishment futbolístico y, con ello, promete explosionar la relación de fuerzas y de equilibrios que confecciona el paisaje conocido desde el cambio de siglo. Pero la controvertida revolución ideada desde la penumbra identitaria cuenta ya con cortafuegos policiales, judiciales y empresariales de calibre proporcional a la dimensión de cada impacto filtrado o expoliado y ofrecido al juicio del aficionado de a pié.

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