Es curioso escuchar lo que dicen los locutores de radio y la televisión sobre el el encuentro del Papa Francisco con el Patriarca de Moscú, Kiril. Dicen cosas no sólo extrañas sino absolutamente falsas sobre la relación, o mejor dicho, la falta de relación en los últimos mil años entre unos y otros. Algunos de esos periodistas, que caen sencillamente en la mentira por su afán sensacionalista, calificaron el cisma entre la Iglesia Católica y Ortodoxa como guerra fratricida, un término que implica el asesinato de un hermano. ¿Acaso hubo algún conflicto bélico entre los ortodoxos y los católicos por motivos de religión? Pues la respuesta es sencilla: No. Por mucho que uno busque no lo hallará. Curioso. Eso significa que el Cisma de 1054 fue provocado por cuestiones del poder y las diferencias principales no son las creencias, sino las formas. Y no todas las formas, sino algunas que tratan principalmente de las cuestiones del ecumenismo, es decir, de la esfera de influencia y derecho de ser heredera única y verdadera de la Iglesia universal. ¿Qué sentimiento fratricida puede inspirar esta separación formal si un ortodoxo, bautizado en Siberia o Kamchatka, puede comprobar en cualquier parroquia de España que su bautizo es tan válido para la Iglesia católica como aquel que ha sido hecho en la Iglesia de San Ginés? Por eso, precisamente, Francisco ha recalcado somos cristianos todos, porque todos hemos sido bautizados.
Pero, aparte de estas consideraciones reconciliadoras, lo cierto es que el cisma afecta la población en las zonas del conflicto, entre las cuales está Ucrania. El Patriarca y el Papa durante su encuentro en el aeropuerto de Cuba, muchas veces se llamaron hermanos y afirmaron “tenemos que llevarnos bien”. ¿De dónde procede está obligación de ´llevarnos bien´? Como no hay nada más duradero que una buena riña entre los hermanos, la circunstancia histórica exige de los cristianos, sean estos católicos u ortodoxos, cierta comprensión y acción conjunta de ambos líderes de la Iglesia. ¿Tendrá este acercamiento más éxito que el intento de 1965, cuando el Papa Pablo VI y el patriarca Atenágoras I hicieron una declaración conjunta? La situación mundial indica que sí: es imposible enfrentar la amenaza del islamismo sin juntar a los cristianos. En la declaración de 1965 la idea fundamental fue eliminar las diferencias entre las Iglesias, pero en la declaración del 2016, lo principal es actuar ya y actuar juntos. Es menester no olvidar que dentro de Rusia viven numerosos musulmanes y algunas regiones, especialmente Chechenia, se han convertido en el centro del reclutamiento para el ISIS.
El lugar de encuentro es simbólico como la primera tierra descubierta por Colón y lugar del enfrentamiento más severo entre las potencias, EEUU y la URSS, durante la guerra fría. Cuba, ubicada en el cruce de caminos, resultó un lugar idóneo para lanzar el mensaje a América ´Latina´, o sea Hispanoamérica, y al Viejo Mundo, subrayando su potencial religioso y “sus centenarias tradiciones cristianas”. He aquí la clave de la reunión: “Los intentos de justificar actos criminales por consignas religiosas son absolutamente inaceptables. Ningún crimen puede ser cometido en el nombre de Dios, “porque Dios es Dios de paz y no de confusión” (1 Corintios 14, 33)”.