Editorial

El futuro energético

Domingo 14 de febrero de 2016
El Instituto de Ciencia Física de Hefei ha conseguido elevar la temperatura del hidrógeno hasta los 50 millones de grados celsius, en una reacción que ha mantenido durante un minuto y 42 segundos. El primer logro parece importante, y lo es más si tenemos en cuenta que esa temperatura triplica la del núcleo del sol. Pero aún más importante el segundo. Uno de los problemas a los que se enfrenta la fusión es precisamente mantener las reacciones en cadena. Y para hacernos a la idea, un equipo alemán había logrado esta misma reacción, pero durante una fracción de segundo.

La fusión es la energía del sol. Mientras que conocemos y utilizamos con gran provecho para el bienestar humano la ruptura de átomos como el uranio, crear nuevos átomos a partir del hidrógeno es algo que todavía no hemos conseguido. Las dificultades técnicas son enormes. Por un lado, esas temperaturas sólo se pueden contener con una súperconducción magnética. Por otro, como muestra este resonante éxito de la ciencia china, aún es difícil de mantener. Pero los beneficios de esta fuente energética son demasiado importantes como para no intentar las fabulosas barreras científicas y tecnológicas que nos separan de lograr una fusión viable: el combustible es abundantísimo y se encuentra en todo el mundo, y sus reacciones se pueden controlar con seguridad. No contamina ni emite gases de efecto invernadero.

Con la energía nuclear se da una situación que los enemigos de las sociedades libres consideran muy desafortunada, y es que para tenerla sólo se necesitan dos características que abundan en las economías libres: conocimiento y tecnología, por un lado, y capital, por el otro. Si ello es cierto para la energía del uranio, la del hidrógeno llega con promesas aún mejores para quienes aprecian la civilización, más aterradoras para quienes la desprecian. Por fortuna, el ingenio humano siempre acaba por prevalecer.

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