Opinión

Rajoy, el increíble hombre menguante

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 17 de febrero de 2016

Me pregunto si el caso de Esperanza Aguirre no venía ya de lejos. Yo diría que sí, que desde el 2008 cuando en aquél congreso de Valencia la estigmatizaron para futuro, de lo contrario hoy sería la dueña del juego de llaves de Moncloa. Pero claro, quedó a merced de Don Mariano y éste es de los que no perdonan sublevaciones sin contrapartida. Desde entonces la cosa ha ido en merma continua para Doña Esperanza quien, atrincherada en su presidencia regional del PP, se ha negado a formar parte de la docilidad hacia quienes mandan en su partido. Ella, a pesar de todo, siempre tuvo claro que el trabajo bien hecho es aquél que se ejecuta por compromiso hacia militantes y voto de urna.


Su condición de mujer liberal, crítica e insumisa y su feeling personal dice mucho a su favor de cara al electorado, ahora bien, en temporada alta como lo es en estos momentos, con la plétora de nuevas alternancias más preocupadas en calzas de poder que otra cosa, pues ya es otro cantar. Durante todos estos años Rajoy ha sometido a Aguirre a una disciplina de partido que o lo tomas o lo dejas. Y ahora qué, -se preguntarán- pues resultado incierto se antoja, debido a esas oscuras maniobras de encaje dentro del PP, como digo. De manera que si en Génova ya andaban perdidos, con la espantada de Aguirre les ha venido Dios a ver para completar el puzzle.

A lo mejor Don Mariano se ha puesto contento. Una menos para tocar la dulzaina –se dirá- claro que si hace recuento de cuantos activos de valor le han ido dando de lado en estos últimos ocho años, pues la cosa influye y pasa factura, porque lo de gobernar tiene sucursales a modo de grandes valores que deben preponderar por encima de soberbias y empecinamientos y porque al final el tiempo es ese juez inexorable que pone a cada cual en su sitio. Lo que haya detrás de toda esta maniobra orquestal el tiempo lo dirá, pues en política de alturas los que tejen con hilo del fino no tienen medida y además no acostumbran a sacar traje sin cortar, pero una cosa sí queda claro en el Partido Popular, y es que la deriva de tantos desatinos y tanta inacción han traído estos lodos al día de hoy.

Son demasiadas diatribas como para exponer la voluntad de siete millones de votos a una nueva versión del festival de las urnas, por eso Don Mariano debería haber sido mejor estratega más allá de su propio partido y no haber permitido que el azote de esta ciclogénesis política, en la que estamos inmersos, se fuera formando alrededor de su escasa o nula labor en temas capitales, dicho de otra manera, algo más que su retórico y enrocado tema de la economía, pues después de tanto enfoque y tanta mandolina resulta que este país, ahora mismo, es lo más parecido a un casino de Las Vegas en donde solo un golpe de azar puede ser lo que arregle este desaguisado llamado España.

Por eso nada de extraño tiene verle menguar y menguar como el increíble hombre menguante de aquella película de 1957 en donde el protagonista se ve envuelto en una especie de niebla radiactiva y es cubierto por ella. Pasan los meses y descubre que todo su cuerpo está empequeñeciendo, lo cual cambia su carácter y su vida.

En fin, esta película pone en el centro de su metáfora la inevitable pregunta que se hace el hombre frente a la adversidad: "Quién soy". La solución del protagonista es adaptarse a su nueva realidad y sobrevivir a pesar de todo desde su nueva dimensión.