Antes de incorporarte al mundo del vino, ¿que hacías?
Había dejado mi plaza de profesora de Biología en el Instituto de Cangas y me ocupaba de Pazo Señorans, que habíamos comprado en el año 1979, y de sus viñedos.
Te incorporas a una D. O aun sin definir Rías Baixas, ¿cómo la encuentras?
Estaban enrocados en una D.O. específica de “albariño” que no refrendaba Europa. Los del Salnés y el Baixo Miño, estaban enfrentados y no había ni un solo registro, ni de fincas, ni de bodegas. Sólo un reglamento que nadie cumplía y que, como he dicho, no tenía futuro. El Consejo Regulador no existía (no tenía oficina ni personal).
¿Qué cambió con tu llegada en la Denominación de Origen?
Todos empezamos a trabajar desde cero. Primero buscando un nombre que englobase a todas las subzonas; segundo, elaboramos un reglamento que pudiese ser refrendado en Madrid y en Bruselas (no estaban transferidas las D.O.). Tercero, hicimos los registros y convencimos a la gente de que se inscribiera en el Consejo, pues en aquel momento era necesario que el 25 % del viñedo catastrado y las bodegas estuviese inscrito para tener acceso a una D.O.; además, hicimos que se cumpliera el reglamento.
Bajo tu mandato, Rías Baixas salió al mundo. ¿Cuál era tu meta?
Hacer un trabajo serio y con credibilidad, controlar muy bien el origen de la uva y la calidad de aquellos vinos que llevasen contraetiqueta. Rias Baixas tenía que ser un fondo de comercio que perteneciera a todos los operadores y, además, a la zona. Había que intentar subir la calidad de los vinos y ser honestos con el origen. Siempre estuve convencida de que la albariño era una gran variedad y que con ella lograríamos que los vinos de Rías Baixas fueran magníficos. Sabía que tendríamos un hueco en el mercado del vino por nuestra calidad y originalidad.
Envejeces vinos de albariño, en contra de muchas opciones de los llamados “críticos del vino”, ¿por qué?
Creo que los buenos vinos son aquellos que son capaces de envejecer.
Haces un vino Selección de Añada envejecido, con una novedosa expresión de la variedad “albariño”, ¿qué te movió a ello?
En nuestra zona tenemos en vendimia un grado alcohólico y acidez natural elevados, esto nos da muchas posibilidades de hacerlo. Y también buscando otra manera para que nuestra variedad albariño se expresase.
Fuiste la tercera mujer presidenta de una Denominación de Origen en España, ¿crees que extrañó?
Creo que en aquellos tiempos sí.
¿Cómo definirías un Rías Baixas bueno para el mercado?
Con respecto a los vinos de crianza, creo que son vinos fáciles de entender y fáciles de beber. Vinos aromáticos y con gran estructura en boca. Creo que esta frase de Álvaro Cunqueiro lo define perfectamente: “Lo que más sorprende de los albariños de calidad es encontrarlos tan humanos compañeros en su irrefutable mocedad. Si fueran hombres en vez de vinos, estarían los albariños en ese grupo de los genios precoces, en los que uno no cree compatible la llama poética o la suprema ciencia con los años de adolescencia”. Con respecto a los vinos de guarda creo que pueden llegar a ser grandes vinos.
¿Cuál es tu concepto del enoturismo?
Intentar acercar el visitante al mundo del vino, mostrarle la filosofía de la bodega, el trabajo cuidadoso que se realiza en todas las fases de producción (desde el viñedo hasta la botella) y hacerle un poco partícipe de todo ello.
¿Eres consciente de que produces uno de los mejores vinos blancos de España? ¿Cómo lo concebiste?
Intentando respetar la zona y la variedad, haciendo vinos honestos. Aprendemos cada año cómo sacar el máximo partido de cada vendimia.