El ruido económico que hacen las negociaciones entre PSOE y Podemos está generando una comprensible inquietud tanto en los mercados como en las principales instituciones nacionales y extranjeras. Esta misma semana, el eurodiputado podemita Miguel Urbán volvía al argumento de la “desobediencia” frente al pago de la deuda, y el propio Pablo Iglesias presentaba su propuesta de endeudamiento público: casi 100.000 millones de euros.
Al mismo tiempo, hablan de subir impuestos como el IRPF, Sociedades o Sucesiones, y aumentar la ya de por sí sobredimensionada nómina de funcionarios creando más plazas de empleo público. Frente a ello, Pedro Sánchez -economista de profesión- no parece inmutarse.
Tampoco se le ve dispuesto a rebatir semejantes disparates. Su actual responsable de economía, Jordi Sevilla, abandonó el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero ante el cariz que tomaban entonces los acontecimientos. Sería deseable que el señor Sánchez o en su defecto el señor Sevilla dijesen claramente si están dispuestos a pasar por el aro totalitario en materia económica que propone Podemos y que abocaría a España a seguir la senda de Grecia.