Opinión

El extraño caso del Dr. Rivera y Mr. Sánchez

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Domingo 28 de febrero de 2016

“¿Morirá Hyde en la horca?, o ¿hallará el coraje de desprenderse de sí mismo en el último momento? Dios lo sabe. A mí no me importa”. (Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde).

Robert Louis Stevenson era un genio; tuberculoso y alcohólico dio a la imprenta una serie de obras maestras. Sus escritos autobiográficos Escribir. Viajar. Vivir que edita ahora Páginas de espuma son sencillamente imprescindibles. A lo que le sucedía al autor de La isla del tesoro con la escritura algunos lo llamamos talento y él, escocés modesto, lo llamaba tener muchas lecturas. Apasionado de Daniel Defoe, Edgar Allan Poe, Marryat y Walter Scott, Stevenson alcanzó una de las cotas más altas de la literatura con una novela sobre el bien y el mal, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en la que personaje principal, un científico, sufría un trastorno de disociación de personalidad tras la ingesta de una pócima de fabricación propia. Jekyll se desdobló en dos personas difíciles de armonizar, imposibles de concordar.

El pactismo es un arrabal madrileño cuyas horas se disputan los fenicios de la política, los vividores y travestidos del Poder. En los pasillos y alrededores del Congreso no hay descanso: negociantes, oportunistas y niños peronistas recién licenciados en Ciencias políticas y metidos al enjuague de las cámaras y los escaños agitan la mañana y buscan la primera declaración del día. A Monedero se le han roto las gafas de John Lennon y ya no quiere salir en la foto: Pablo e Íñigo no le dejan. Así, el Madrid de los diputados acoge todos los rufianes más dispares. Los viernes por la noche los candidatos se ponen sus camisas desplanchadas, su trajecito de rebajas y salen a cenar con las first ladies a repartirse esta España rota. Begoña sale del brazo de Mr. Sánchez cual musa del sucedáneo de este socialismo alicatado, sentado a la derecha de Rubalcaba. Y se enredan en ese rincón con el rey y la reina de Ciudadanos, donde conspiran la ambición, la soberbia, la bisoñez y la falta de ideas. Y se echan en la semioscuridad un billar y una diana de colegio mayor, muy de monclovita con ínfulas, con la imagen de Suresnes en el centro, para lanzarle los dardos. Hay que cuidar, sobre todo, a la Banca. El hormonado Mr. Sánchez, el púgil que acorraló a Mariano en el ring de Campo Vidal, ha afirmado ayer que siente “una gran satisfacción” ante la encuesta que ha hecho entre sus admiradores.

El Dr. Rivera, que es la política –que no el político– incompatible o imposible, en cambio quiere el apoyo de Mariano y ha pedido al presidente en funciones algo que jamás nadie ha conseguido, que se defina: ahí es nada. “Es lógico que el partido de la izquierda, el del centro y el de derecha estén de acuerdo”, ha dicho el líder de Cuidadanos con respecto a su idea de un Gobierno “reformista”, a lo que le respondemos parafraseando que es lógico que las derechas –la del PSOE, la de su partido y la del PP– estén tan de acuerdo. Dice que su partido es “el único que quiere sacar a España del atolladero”. Si Mr. Sánchez sale derrotado en el Congreso y tiene lugar una nueva ronda de consultas –el cuento de nunca acabar–, el Dr. Rivera en un ataque de bipolaridad ya ha anunciado que hablará con Mariano. El chico, al final, ha triunfado después del descalabro en las elecciones en las que los españoles le dijimos que vistiese y desvistiese su ambición política en el ropero de El Corte Inglés, no en las Cortes. “Elvira, ve encendiendo el puro, que viene Albert” se oye en la Moncloa. ¡Ay, Rivera, y qué fuerte es esto de la retractación, del no saber de qué pie se cojea y aquel carnet de afiliado del PP en tus años mozos y que te pillaron! Y qué mal te portas con tu padre putativo.

El Dr. Rivera y Mr. Sánchez han vuelto como un solo hombre, reconciliando sus intereses a puerta cerrada, en el callejón sombrío que da a las callejuelas del Madrid de los Austrias. Allí se encuentra su laboratorio, en el que se cierran acuerdos a espaldas de los ciudadanos y los votantes. “¿Respaldas estos acuerdos para conformar un gobierno progresista y reformista? Sí / No” preguntaba la consulta impulsada por Mr. Sánchez. El 79% de sus afiliados –73.940 militantes– le ha respaldado con el sí, sin saber de qué acuerdos se trataba. El profesor José Antonio Pérez Tapias, otrora candidato a la secretaría general del PSOE, considera esta pregunta “un insulto a la inteligencia”. Amistad inconfesable, José Antonio, y sus cenas, que ellos se lo montan mejor que un académico y un filósofo y un pensador de la alta política. Sin leer a Kant, pero citándolo. Y unos tuits del secretario general que lanza por las noches que son de robagallinas con tres gin-tonics.

El Dr. Rivera y Mr. Sánchez, que afirmaron en público en incontables ocasiones que jamás se sentarían a formar gobierno, están barajando el futuro patrio con las cartas marcadas en un extraño caso digno de ser escrito al modo de una novela victoriana, envuelta en las brumas. Y han encontrado, como si de un solo hombre se tratase, que tienen en común una cosa: el poder de convencer a todos de todo, y también de todo lo contrario. Y uno sabe que este personaje bifronte y desquiciado, hecho de muchos votos y muchos pactos, de política de bar, es el revés decadente y negro de la exenta libertad que “disfrutamos”, el último harapo de una democracia detenida. Dios nos ampare.

@DavidFelipe1975