Opinión

Ellos a piñón fijo, los españoles hartos

TRIBUNA

Luis Asua Brunt | Viernes 04 de marzo de 2016

Decía Borges de los irlandeses que tenían el problema de actuar y ser siempre invariablemente…irlandeses. O algo así, pues no encuentro la cita pero no creo que fuera apócrifa, pero nos vale para tratar de analizar lo ocurrido en el debate de investidura.

Los políticos españoles, más bien sus sufridos representados tenemos el problema que podemos esperar muy poco más de nuestros políticos que lo evidente. No es que falte finezza, eso es mucho pedir; solo pedimos que haya algo más de humildad, tolerancia, ánimo constructivo, y mucho menos de ese afán por dividir al país en dos Españas (o en alguna más) que sólo sigue con plena impetuosa vigencia entre la clase política y algún periodista más bien corifeo.

Rajoy que alardea de previsible pues fue al Congreso al primer debate de investidura a vengarse de los insultos que recibió en el debate en televisión de Pedro Sánchez. Su intervención fue muy cuidada y brillante y convirtió al candidato en un punching-ball. Lo cual que quiere que les diga no me parece un objetivo muy ambicioso para un debate tan crucial como es el de investidura. Sánchez no pudo o no supo responder, quizás por lo limitado de su talento o bien porque supongo que mantendrá alguna esperanza remota que el PP le acabe apoyando.

Iglesias sigue a piñón fijo en su objetivo: el sorpasso al PSOE, y apretó como pocas veces se ha visto en el Congreso de los Diputados pero no al PP, ni a Rivera sino al ¡PSOE! Estuvo poco fino el hombre y supongo, y espero no equivocarme por el bien de todos, que se pasó y que esta actuación lamentable al menos en el primer debate; en el segundo, ya no sé ni cómo calificarlo pues es simplemente ridículo, debería producir una reacción del votante más moderado de Podemos en las que parecen inevitables próximas elecciones. Yo diría que adiós al sorpasso pero me equivoco casi siempre, y queda mucho tiempo hasta el día de la votación, previsiblemente el 26 de junio. Ya escribí hace tiempo que Iglesias como líder empieza a hacer aguas por todos lados.

Sánchez y Rivera estuvieron aseados y razonables como tienen que ser los que pretenden investirse. Aunque creo que debieron buscar alguna compuerta para abrir la negociación más allá de exigir la abstención del PP ante la amenaza del evidente desastre que supondría un gobierno como el que ha diseñado Pablo Iglesias Aguantaron el chaparrón de descalificaciones y mucho me temo que salieron favorecidos del envite. Y por una razón, que cualquiera que salga a la calle puede contrastar inmediatamente y es que la gente está completamente harta del politiqueo y del fulanismo.

Creo que habrá otras elecciones. Me resistía a pensarlo pero se va a imponer el fulanismo por encima de los intereses de España. Y me temo que el resultado de las siguientes elecciones generales será muy parecido, pues los bloques son muy similares, y el árbitro electoral o quienes tienen la llave de la balanza (los nacionalistas) no pueden, ni deben participar de cualquier gobierno que sea mínimamente presentable.

No se está valorando suficientemente el hartazgo de la gente. El fulanismo es una tragedia de este país tan horriblemente mal gobernado casi siempre. Revisen la historia de España pero en esto de la gobernación hemos tenido una mala suerte incomparable. En las encrucijadas históricas o en los cambios de era casi siempre teníamos como gobernantes a absolutos incapaces o verdaderos enfermos mentales. Y cuando por el contrario, hemos tenido gobernantes capaces hemos sido un país magnífico.

Una opción para recuperar a la ciudadanía podría ser que ambos Rajoy y Sánchez se sometan al voto de los militantes en unas primarias antes de volver a presentarse el 26 de junio. Ganarían, en su caso, una legitimación añadida y sería una novedad en la larguísima campaña electoral que ya nos han empezado a infligir. Hay tiempo de sobra para ello.

Vivimos unos tiempos incomprensibles para muchos. Una sociedad en la que todo cambia a gran velocidad y que genera muchas frustraciones e incertidumbres. A ello se une una hiperexigencia en la gobernanza que tiene muchas causas, entre ellas la intolerable corrupción y también los cambios tecnológicos. Una modernización que no ha hecho más que empezar y que va a traer muchos cambios para bien y muchos que van a ser muy difíciles de digerir. Espero que esta encrucijada histórica nos coja con un gobierno a la altura de las circunstancias. Necesitamos una sociedad fuerte y bien dirigida para el fascinante reto que se avecina.

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