Opinión

Sánchez, alférez provisional

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 06 de marzo de 2016

Tras unos resultados históricos para su partido y la firma de un pacto histórico para la ciencia política, el debutante Pedro Sánchez protagonizó una investidura fallida que es histórica para la democracia española. Como fue aquél “no gol” de Cardeñosa ante Brasil para nuestro fútbol. Hemos asistido a un drama. Menéndez Pelayo dijo que la vida humana es un drama y el historiador debe aspirar a reproducirla. El histórico historiado. Pablo Iglesias repartía desde la tribuna del Congreso mandobles dialécticos a diestra y siniestra e hizo cundir la provisionalidad alrededor de un hombre destinado a entrar en la Historia. Iba para jefe de gobierno y elaboró un discurso como de auténtico jefe de la oposición. Más que construir y componer, destruía y descomponía la obra y la figura del presidente del ejecutivo.

Iglesias, gesticulando como el Líster y arengando como Durruti, anunciaba a la nación que su afán es progresar hasta 1936 y hacia las dos Españas. Ignora el referéndum andaluz sobre la autonomía, pero sabe quién es Puig Antich. La memoria selectiva acarrea sectarismo y demagogia. Iglesias apeló a la patria, como hiciera Stalin en 1942. Luego, se nos puso sensiblero, delicado y hasta ejerció de celestino. Albert Rivera definió como traición el pacto del Majestic; en cambio, no acierta a ver la traición de quien cede senadores a los independentistas para formar grupo propio. Muchos votantes de Ciudadanos lo son tras repudiar al PP por la parsimonia y endeblez con que Rajoy afrontó el desafío separatista. ¿Qué votarían ahora? Mariano Rajoy demostró solvencia y experiencia como parlamentario. Quizás haya recuperado la iniciativa. Pero, ¿y si da la campanada dejando paso como nuevo candidato a un miembro de su Gobierno, tanto en caso de gran coalición, como de nuevas elecciones? Demostraría lo contrario que Sánchez: desapego al poder y un palmarés de dos victorias electorales, además de una España recuperada y encauzada. Grato y admirable recuerdo.

Cuando le preguntaron su opinión sobre la televisión, Bernard Shaw dijo: “Me da miedo mirarla”. Sin duda, pensaba en debates de investidura como los celebrados, que revelan que en el Parlamento el tiempo de la erudición ha cedido el paso al del divertimiento rayano con el esperpento y el desatino. Se imparten lecciones de frivolidad, trivialidad y hasta inmoralidad. El desfile de algunos oradores recordó a Eurovisión. ¡A veces canta cada adefesio! Y lo peor es que, incluso, gana. Ya vimos un bebé entre los escaños; ahora un beso propio del politburó soviético, un hombre del paleolítico hablando de la Edad Media, de viajes siderales y de la lucha de clases para acabar con capitalistas y terratenientes; incluso, se vio a Pachi López moderar como si fuera Pedrerol. Quizás en eso consista el empalagoso cambio: en pasar de los Toros de Guisando a Price Waterhouse Cooper en una mañana. Estamos transitando por una curva muy pronunciada del camino político y es imprescindible que el pueblo español no sea arrollado por el galope guerracivilista de algunos, tanto en ideas como en lenguaje, verbal y no verbal.

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